miércoles, 4 de diciembre de 2019

Objetos sin casta: Poemas escogidos (1998-2009), libro de Chrystian Zegarra

Hay algo perturbador en la poesía de Chrystian Zegarra (Trujillo, 1971). Luego de cinco volúmenes publicados, esta compilación libre, con ligeras correcciones de los originales y un (des)orden que desafía la cronología, contiene algunos de los poemas más deslumbrantes de la llamada “generación del 90” peruana. Pero esto no se debe sólo a la hábil factura de los textos, construidos con gran sentido del ritmo y distribución de imágenes: hay en ellos la profundidad y el nervio que hacen de un buen poema un poema impactante. En esta selección afloran las atmósferas góticas, los cementerios, hospitales y lugares de sufrimiento en general, como si el exilio que vive el poeta se hubiera internalizado y le sirviera para construir un mundo alternativo, casi como el negativo de una fotografía entre cuyas sombras asoman los fantasmas del pasado y los depredadores del presente: soledad, injusticia, dolor, incomprensión. Se trata sin duda de una de las voces más valiosas y poderosas de las recientes promociones de poetas peruanos.(José Antonio Mazzotti)

Chrystian zegarra (Trujillo, 1971)
 Hizo un doctorado en Literatura Hispánica en UCLA; actualmente es profesor asociado en Colgate University (Hamilton, Nueva York). Ha publicado cinco libros de poesía, el último fue Armas de fogueo (Hipocampo, 2018). Con Escena primordial y otros poemas (2007) ganó el Premio Copé de Oro otorgado por Petroperú. También publicó el libro de crítica literaria El celuloide mecanografiado: la poesía cinemática de E. A. Westphalen (Madrid: Verbum, 2013).

NOTA
estas páginas constituyen una muestra* ensamblada con retazos – hilachas – porciones / con lo que queda después de ventilarse en público / ahora hablo desde la ausencia / desde esa ribera que anula el regreso a marcas originales / abrir brechas y detonar horizontes / socavar lo que había sido estructurado / para que de sus escombros germine un potente desvarío / abundancia de campos magnéticos / de asociaciones por similitud o contraste / he desmantelado un tapiz cuyas piezas encajaban a la perfecta medida / he preferido la búsqueda de un agujero desde el cual armar un remedo de totalidad / a sabiendas de que ésta no existe / de que todo se compone de señuelos – grietas – resquicios / el bosque de la memoria exhibe ramificaciones impredecibles / me interno entre cañaverales / esquivando la maleza que reverdece descontroladamente / persigo huellas que iluminan una ruta espinosa / donde transitan animales huraños / habitantes acostumbrados a poblar sin miedo este simulacro / alguna vez la poesía me guió entre la maraña / me condujo al fondo del despeñadero donde resplandecía un sol incandescente / pero a menudo tropecé con piedras aferradas a una superficie de concreto / imposibles de remover con estas precarias fuerzas humanas / el lenguaje ha muerto / al igual que los fantasmas que se empeñaban en resucitarlo / desprovisto de aspavientos / escribo sin presagiar un gesto victorioso / y este acto breve exalta la plenitud de los límites / el gozo del ahorcado suspendido de una soga firme / la explosión de lo incompleto en un universo de cenizas y alaridos
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*Estos textos —reagrupados con ligeros cambios o significativos cortes— provienen de las colecciones Inmanencia (1998) / Regreso a Ourobórea (1999) / El otro desierto (2004) / Sacrificios (2007) / Escena primordial y otros poemas (2007) / Cinema de la crueldad (2009).


me tiendo de bruces en esta ladera
una fila de hormigas trepa
las lomas de mi espalda

la hierba crece como fusiles al borde de este abismo
apago cigarrillos en los ojos de los buitres
que merodean la carne acribillada
y acciono la luz de alerta
ante la inminencia de una escritura negativa

mis camaradas buscan calzar la noche
que baila con cintura de ramera
y la cuchilla al ras bajo el pañuelo
es una contradanza que secciona
la ansiedad de los cuerpos
un desnudo móvil cinemático
que se proyecta
detrás de una escenografía de cadáver

todos habitan sin falta
este reino de exterminio
--------------------------------

la cicatriz luce con odio en la mano del verdugo
no el cuchillo
no la madera
ni el aleteo de un haz de plumas blancas
la cicatriz la cerilla que incendia el cohete de mi ojo
y lo anula como ciego en la araña de la noche
bajo la púa movible del anzuelo

río de ácido en mi memoria
meces tu frente junto al columpio
te empinas con pies de hule
ante el resplandor de mi navaja

las aves no necesitan su cuerpo para vivir
su sangre es agua libre en la combustión del aire
por eso
sujeta el abanico de alas que alborotan
la savia desprendida del arbusto

te meces
te empinas como si fueras a levantar vuelo
con la tijera roja de tus brazos

el criminal es una efigie clavada entre la carne y el espíritu
he visto cuellos degollados a punto de ladrar
(pues el lenguaje
aún el de los animales
se distorsiona en la sutura de una trompa muda)

he visto la cicatriz no el cuchillo
no la madera

porque en estos cuerpos sólo siento levedad
el sol sepulto
y el grito que hoy los atraviesa
------------------------------

guardo entre mis objetos personales
los clavos que dejó en mi lecho
el resucitado
el madero crucifica la pared vacía
ante la vela oval

te asombras por las sandalias de cuero
por la mochila de piel
por la osamenta de hombre o lagarto
y yo que no sé del misterio de la carne
sólo puedo mirar la reja abierta
los tres clavos de sangre clavados
en el horizonte de mis ojos de hierro

antes de la cena escuchamos lejanas voces
ecos de ancianos que abandonaban su querencia
para irse a clamar el caos al desierto

cuentan los niños desnudos de la plaza
que a las tres de la tarde
bajo un sol carnicero
una silueta humana desolló las aves de la iglesia
vistiéndose de cuerpo con despojos recogidos
en el cementerio animal

aquí yacemos en esta cama de estacas
esperando un cadáver que llega nunca
un cadáver que           según falsos testimonios
escupe en la mudez de su boca divina
palabras de humo
en el corazón de sus muertos




martes, 12 de noviembre de 2019

No queremos cazar la Noche, nuevo libro de poesía de Carolina O. Fernández


Carolina O. Fernández es ama/trabajadora de casa, escritora indisciplinaria y profesora sanmarquina. Ha publicado A tientas (2016), finalista en el premio Copé de poesía 2015, una parte de este libro obtuvo el primer premio de los Viernes Literarios el 2014; Un gato negro me hace un guiño (2005); Una vela encendida en el desierto (2000), poemario con el cual obtuvo el segundo premio Nacional Horacio 2000 convocado por la Derrama Magisterial.
La obra poética y ensayos de Carolina O. Fernández se han publicado en varias revistas y antologías.
Sobre poder, imaginarios sociales, cultura y género ha escrito los libros: Procesos de descolonización del imaginario y del conocimiento en América Latina. Poéticas de la violencia y de la crisis (Fondo Editorial Facultad de Ciencias Sociales de la UNMSM, 2004), Poéticas afroindoamericanas. Episteme, cuerpo y territorio (Pakarina/ UNMSM, 2014); La letra y los cuerpos subyugados. Heterogeneidad colonialidad y subalternidad (UASB, Quito, 1999).
Estudió sociología y doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, maestría en Letras en la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito y Género y ciudadanía en la Universidad de Huelva, España.

Carolina O. Fernández


Gloria Mendoza Borda, dixit: «Solidaridad, sabiduría, complicidad, humor, sanación, río de tierra, mar y aire son huellas profundas en la poesía de Carolina O. Fernández: “dudo que usted haya estado conmigo/ pero no dudo que usted estuvo en la Habana (…) y se quedó por siempre conmigo/ pero no en la Habana/ se quedó en el silencio”. Su identidad poética es la irreverencia que provoca en sus lectores una sensación de alegría en su homenaje a Emily Dikinson: “y saludábamos a la vaca Margarita/ que rumiaba el rencor del carnicero/ en un porongo llevábamos la leche”(...) La poeta nos agita y conduce, a pesar del dolor, por ese sano humor casi siempre ausente en la poesía peruana».  

Ana Peluffo, dixit: «Interpelada por la realidad oscura y distópica de los feminicidios, la racialización de la pobreza, la discriminación y el acoso, Carolina O. Fernández construye un corpus poético feminista; ahí la sororidad, las alianzas entre cuerpos y el ecologismo ambiental se convierten en zonas de resistencia contra el colonialismo. Como las iluminaciones profanas de Walter Benjamin, cada uno de los exquisitos poemas que componen este libro estetizan y poetizan la cotideaneidad de un sujeto femenino nómade que se vuelve colectivo en su diálogo con otras voces».  

Roger Santiváñez, dixit: «Un fraseo que se aproxima a lo visceral: “Me arranco los ojos/ pestañeo sangre” nos presenta el talento personal de Carolina O. Fernández en su libro No queremos cazar la Noche. Con este tono principia su viaje a través de los recuerdos familiares, las calles de París –donde leemos: “Kristeva/ Ollé y Verástegui/ barricadas en los Campos Elíseos/ yo ofrecía cigarrillos con mi poncho rojo”–, es decir, el mundo de la bohemia intelectual que soñó con la Revolución y también la inmersión en un trabajo del lenguaje que consigue versos de lograda belleza. (...) Poesía fuerte, directa que nos remueve la conciencia, lo que no es óbice para que nuestra poeta alcance sugerentes estados de intensidad estrictamente lírica».


Muestra poética de Carolina O. Fernández

Nombrar
lo que se lleva dentro
el árbol
hojarascas
mi corteza

En la memoria abundan paisajes
no aman teñirse el cabello

Desprenderse

Desgajar la palabra
astral
la unidad cuántica
y anudar
besar los ojos

(no los anteojos)



Al abrir la ventana
se abre el velo
quebradizo de mis labios

En las hayas una luz
tan oscura como mi piel
brinco de un barranco a otro
hasta arribar al piélago

Sumerjo mis ímpetus
en oleado canto El Pacífico
ruge

Soy una golondrina que saluda al mar
Para llegar a mí y empezar
me arranco los ojos
pestañeo sangre
balbuceo canto a las montañas

Para llegar a mí
y descubrir la orilla
arrancarme los albatros
más allá del misterio
lograr la escollera verde
viajo por dunas
oceánicos vientos nutridos de coleópteros
o enmudezco ante el cantar
de la escritura que zozobra

Madre no debió abandonar
el balcón de aquella puerta azul
sobre la montaña más alta

No debió escuchar a papá
así yo no habría
venido a esta cima

No estaría con mi canto
a riesgo de extinguirse
en la penumbra de este
pequeñísimo globo azul
a punto de estallar

Emergencia

Ellas no querían cazar la noche Anne Sexton
ellas deseaban gozar disfrutar la noche
días de sombra  luz  oscuridad

María Jimena iba a clases de pedrería en la comisaría de Canto Rey/ María Jimena 11 años disfrutaba abalorios diurnos/ divertimento en su nuevo portalápices y su morral/ en sus mundos imaginados y prendas de vestir/ Aquí donde quieren matar los sueños pero no podrán arrancar tu voz/ qapariy que vacía las entrañas María Jimena/ aquí estamos/ vela encendida.

Si supieras Felipe Guamán Poma que aún
la absurda arrogancia de poseerlo todo
gobierna el mundo
acorrala a las niñas
y con la fuerza del odio de dios
violan y asesinan

“el padre Alvadán desnudaba a su hija y le miraba
el culo y el coño y le metía los dedos, y en el culo
le daba cuatro azoticos, cada mañana
 le hacía a todas las solteras (…) un fiscal atestigua
que un padre verdugo lo castigó porque tenía una india amancebada en su casa y cocina, y
así la tuvo; y después de haberle castigado le
pidió una hija suya, que tenía y le dijo que más
honra tenía que fuese mujer del padre y no de un indio hatun luna tributario y se llevó a la hija
doncella y la desvirgó a la fuerza; y
después de esto tornó a pedir a su hermana…”

FGP

Aquí estamos viajero en el matadero
continuamos navegando contra la corriente
siglo tras siglo

Aquí donde quieren matar los sueños
pero no podrán arrancar tu voz
aquí estamos apátridas
hierba encendida

Vicki Beatriz Quispe Hallasi 25 años natural de Juliaca/ quemada con agua hirviente en San Juan de Oro por Nicolás Albert Ccuno Perca/ fue en la madrugada de un día/ dios no estuvo enfermo/ Ella preparaba el desayuno en un cuarto alquilado/ ella lo amaba
¿Amor? ¿Temor a la soledad?/ a la soledad de la noche?/ Soledad helada en las alturas de Juliaca/ soledad agobiante del trabajo a destajo.
Prefería abrigarse en la cocina preparar sangrecita para comensales de ensueño/ prefería preparar el thimpo de Carachi a base de pescado/ olorosa muña y chuño entero/ Así lo conoció saborearon juntos  vibrantes viajes/ todo cambió desde que empezó a sumergirse en la oscuridad y frialdad minera/ la sorprendió arrojándole el agua hirviendo/ al oído/ al cuello/ al omóplato/ al pecho que ayer mimaba con sus besos.
Rosa Andrade Ocagane 67 años/ mujer sabia de los pueblos resígaro y ocaina/ natural de Nueva Esperanza y Pebas en Loreto/ Un 25 de noviembre de 2016/ te pienso y te imagino hermana Rosa/ navegando y cantando contra la corriente en el río más grande del mundo/ un 25 de noviembre el cuerpo de Rosa Andrade fue encontrado acribillado torturado/ autoridades de la comunidad resígaro encontraron y entregaron al asesino que quería matar tu canto/ la fiscalía provincial de la república y su “democracia” también quisieran matar tu canto/ para el tribunal de la república/ la vida de Rosa Andrade no vale absolutamente nada.
Eyvi Liset Ágreda Marchena 22 años/ empleada de service natural de Cajamarca/ quemada en un bus de la línea 8 entre la Av. 28 de Julio y Paseo de la República/ ironía de dios pater/ Eyvi fue quemada una mañana que dios estuvo enfermo/ dios no  estaba  enfermo/ dios arrojó gasolina e incendió la vida de Eyvi/ dios arrojó gasolina a Juana Mendoza/ cuantas veces pidió a su madre y su hermana que la esperaran que no la dejaran sola/ cuantas veces intentó denunciar

Han matado la vida
           la luna el sol
           han matado a Eyvi
           22 años
           sueños incumplidos
           señorita
           22 años mi hija.

Ausencia que hace llorar a la madre/ a las muchachas del barrio de la hermosa región de Cajamarca/ allí donde se padecen los secuestros/ cuarto de rescate con ondulantes nubarrones.

Han matado a Eyvi/ A Olinda Arévalo/ la abuela sabia del pueblo Shipibo-Konibo/ A la pequeña Jimena de apenas 11 años/ Sus vivaces ojos negros reflejan la profundidad de la noche/ vela encendida en trinar de pequepeques.
Sueños tercos
los sueños de Olinda
de Eyvi
los tuyos los míos
son rotundamente tercos
se multiplican
se reencuentran en las pequeñas
y grandes palabras
nos entrelazan
se visten con ropa limpia
saben a mandarina
a racimos de vid
saben a la vida vestida de enjambres violeta
y vibrantes océanos

Ellas no querían cazar la noche Anna Sexton
ellas deseaban gozar la noche
días de sombra luz y oscuridad

Hoy al borde del naufragio y esta llama que no se apaga/ Esta llama que arde que destruye y encabrita/ Esta llama en el cuerpo de Eyvi de Jimena/ En mi cuerpo llama muralla gigantesca que zarpamos en esta república encarnada en el gran depredador y sus anémonas insaciables
en esta gran prisión de niñxs y mujeres
en esta gran prisión de trabajadorxs

En ti observé lo que tienen de enigmático los tiranos  decía Kafka

Hoy necesito una poco de sombra
la sombra que siempre me aguardaba
hoy también se fue





jueves, 22 de agosto de 2019

SEDICIÓN DEL RELÁMPAGO, libro de poesía de Fernando Ribeiro Saldaña


Fernando Ribeiro Saldaña 
Lima, 1977. Es abogado de profesión, egresado de la Pontificia Universidad Católica del Perú y también integrante del grupo poético Rara Avis.


Rodolfo Ybarra dixit:

UN RELÁMPAGO LLAMADO POESÍA

Las crepitaciones del papel ante el fuego. El combustible de la imaginación haciendo leña y ceniza un mundo que nos contempla y es contemplado. El amor, el odio, la distancia, el recuerdo o las reflexiones como destellos en versos que son también abrasiones en la piel de quien lee o es leído. Así va construyendo Fernando Ribeiro Saldaña un corpus que se adentra en la conciencia del hombre, cava en el centro de un mundo cuasiapocalíptico y emerge desde las piedras o aerolitos incandescentes que caen perpendiculares como bombas de racimo y se convierten en poesía.
Es el primer hombre en la Tierra que se asombra por el paraíso perdido, la lava volcánica, las estrellas fugaces o la invención del fuego que es también la búsqueda de la iluminación que, por antonomasia y por oposición dialéctica, es la abolición de las sombras, las tinieblas o la develación del conocimiento o alegoría de las cavernas platónica. Acaso discernir no es también iluminarse, bañarse de luz (o lux) en el que “creer, saber y conocer” tienen significados distintos y a veces contradictorios, tal y como lo propone Luis Villoro en uno de sus libros.
Pero el poeta enciende su propia antorcha y se asoma a la irrealidad del tiempo donde a la vez que alumbra se transmuta en hacedor de sombras porque la palabra es también lo que no se explica o lo que se convierte en metáfora, figura, tropo no solo con fines estéticos o de belleza sino porque hay un mensaje potente, santo grial o piedra filosofal, logos, que es necesario proteger o poner al nivel de los iniciados. Algo que no obstante tener un origen religioso al modo de san Agustín, san Bernardo de Claraval, san Francisco de Asís, san Buenaventura o santo Tomás de Aquino, ha devenido en objeto místico esencial, candelabro o luz-trascendencia y farol en el mundo gnoseológico. 
Quizás por eso, Ribeiro Saldaña aplica, seduce o conspira con las llamaradas, el humo, los bosques, las piedras, las iguanas (o la salamandra alquímica), noches, estrellas, espumas, brumas, mareas y demás elementos de la naturaleza que tienen la vibración y reflejo inmanente del rapsoda que canta y alcanza su ataraxia en un medio hostil, imago mundi, guiado por la mano de otros iluminados, entre ellos Jhon Milton, Diógenes de Sínope, los simbolistas franceses o el gran Rilke por no mencionar a los postpuristas.
Al final como una hoja encendida o como un monje tibetano todo arderá para ser purificado o porque simplemente “Dejé de buscar en la obscuridad / ahora todo resplandece”. Es decir, el problema poético, si es que hay uno en este manojo de poemas, nunca fue el objeto en sí, sino, como casi siempre ha sido, con los poetas y los artistas, es el sujeto quien observó un mundo en llamas que era-es su propia vida de luz insondable al menos para quien se acerque a la fragua: “Fuego que brota del delirio y el diamante, / flama que destruye la certeza; / el incendio interior que extingo en el poema.”
Solo dejemos abierta la puerta o la ventana para que el relámpago nos alumbre y esta lírica delicada y trabajada, renglón a renglón, cumpla con su noble papel de mostrarnos los diamantes de una lengua que se desata, avanza y se hace sol o foco incandescente ante lo efímero de la existencia o una realidad que nos devuelve la palabra, fin supremo y absoluto del rapsoda. Quizás como apuntaba Octavio Paz “las imágenes se oyen”, pero hay también imágenes que incendian o refulgen y se elevan en llamaradas, pues esta es la Sedición del Relámpago: un relámpago llamado poesía.

SOMBRA ARDIENTE

Incendio la noche
la noche que gira, el torrente afilado 
el frenesí de tu frente.
Quietud de las ondas, vibración, ola que ruge;
aúlla furiosamente en las branquias.
Sólo espero renacer en el metal y la espuma;
en la plenitud de la piedra
y el delirio. Luz que mina la oscuridad
en una fuga de pájaros de agua,
como mineral de agujas en la sien, y mil derrumbes 
en los huesos.
El temblor del espejo que bulle como el huracán, 
y asesina 
como el insecto bajo la piedra: escorpión de sueño 
que disipa la angustia de tus ojos.
Sin embargo, no destruyas las ramas, el cráter de luz
ni la imagen enterrada en tus venas. 
Cuando yaces perdido 
en la instantánea marea en mil epifanías congeladas
como sombra que arde coléricamente 
como un puñal en los ojos.

ABSORBE LA SOMBRA

Absorbe la sombra, el cristal roto 
la arteria fugaz, el triángulo seco;
la furiosa materia del tiempo
arremolinarse entre tus ojos.
Oh inmanencia, nutre de ramas el insomnio
pervierte el metal evanescente del humo
y el astro en la mejilla, 
y eclipsa la palabra aniquilada
entre la piedra. Danza oscurecida, invencible visión 
de inútil sombra entre la nada.
Diamante asesino, nudo que brota entre los dientes:
razón huracanada, extinguiéndose
ácidamente en el fuego
como piedra que lacera el aire.

INTENSIDAD 

Perviertes las luces, seduces al rayo, 
niegas la voluntad del relámpago. 
Agua que refleja un pensamiento,
volátil sombra, manantial que fluye. 
Marea de diamante que penetra la noche, 
transforma al pájaro destruido en el poema, 
en purísima rama incandescente.

MISTERIO

Has silenciado la música,
soñado la violencia. 
Purísimo ramaje que surge 
del desvarío.
Pez que incendia las aguas,
has renunciado a la eternidad, 
al misterio; convertido la angustia
en agua cristalina:
en belleza que la noche nos prodiga
sin saber por qué.






















No queremos cazar la Noche, reciente libro de poesía de Carolina O. Fernández


LA AUTORA

Carolina O. Fernández es ama/trabajadora de casa, escritora indisciplinaria y profesora sanmarquina. Ha publicado A tientas (2016), finalista en el premio Copé de poesía 2015, una parte de este libro obtuvo el primer premio de los Viernes Literarios el 2014; Un gato negro me hace un guiño (2005); Una vela encendida en el desierto (2000), poemario con el cual obtuvo el segundo premio Nacional Horacio 2000 convocado por la Derrama Magisterial.
La obra poética y ensayos de Carolina O. Fernández se han publicado en varias revistas y antologías.
Sobre poder, imaginarios sociales, cultura y género ha escrito los libros: Procesos de descolonización del imaginario y del conocimiento en América Latina. Poéticas de la violencia y de la crisis (Fondo Editorial Facultad de Ciencias Sociales de la UNMSM, 2004), Poéticas afroindoamericanas. Episteme, cuerpo y territorio (Pakarina/ UNMSM, 2014); La letra y los cuerpos subyugados. Heterogeneidad colonialidad y subalternidad (UASB, Quito, 1999).
Estudió sociología y doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, maestría en Letras en la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito y Género y ciudadanía en la Universidad de Huelva, España.

SOBRE LA AUTORA

«Solidaridad, sabiduría, complicidad, humor, sanación, río de tierra, mar y aire son huellas profundas en la poesía de Carolina O. Fernández: “dudo que usted haya estado conmigo/ pero no dudo que usted estuvo en la Habana (…) y se quedó por siempre conmigo/ pero no en la Habana/ se quedó en el silencio”. Su identidad poética es la irreverencia que provoca en sus lectores una sensación de alegría en su homenaje a Emily Dikinson: “y saludábamos a la vaca Margarita/ que rumiaba el rencor del carnicero/ en un porongo llevábamos la leche”(...) La poeta nos agita y conduce, a pesar del dolor, por ese sano humor casi siempre ausente en la poesía peruana». [Gloria Mendoza Borda]

«Interpelada por la realidad oscura y distópica de los feminicidios, la racialización de la pobreza, la discriminación y el acoso, Carolina O. Fernández construye un corpus poético feminista; ahí la sororidad, las alianzas entre cuerpos y el ecologismo ambiental se convierten en zonas de resistencia contra el colonialismo. Como las iluminaciones profanas de Walter Benjamin, cada uno de los exquisitos poemas que componen este libro estetizan y poetizan la cotideaneidad de un sujeto femenino nómade que se vuelve colectivo en su diálogo con otras voces». [Ana Peluffo]

«Un fraseo que se aproxima a lo visceral: “Me arranco los ojos/ pestañeo sangre” nos presenta el talento personal de Carolina O. Fernández en su libro No queremos cazar la Noche. Con este tono principia su viaje a través de los recuerdos familiares, las calles de París –donde leemos: “Kristeva/ Ollé y Verástegui/ barricadas en los Campos Elíseos/ yo ofrecía cigarrillos con mi poncho rojo”–, es decir, el mundo de la bohemia intelectual que soñó con la Revolución y también la inmersión en un trabajo del lenguaje que consigue versos de lograda belleza. (...) Poesía fuerte, directa que nos remueve la conciencia, lo que no es óbice para que nuestra poeta alcance sugerentes estados de intensidad estrictamente lírica». [Roger Santiváñez]

LA POESÍA

Nombrar
lo que se lleva dentro
el árbol
hojarascas
mi corteza

En la memoria abundan paisajes
no aman teñirse el cabello

Desprenderse

Desgajar la palabra
astral
la unidad cuántica
y anudar
besar los ojos

(no los anteojos)

Al abrir la ventana
se abre el velo
quebradizo de mis labios

En las hayas una luz
tan oscura como mi piel
brinco de un barranco a otro
hasta arribar al piélago

Sumerjo mis ímpetus
en oleado canto El Pacífico
ruge

Soy una golondrina que saluda al mar
Para llegar a mí y empezar
me arranco los ojos
pestañeo sangre
balbuceo canto a las montañas

Para llegar a mí
y descubrir la orilla
arrancarme los albatros
más allá del misterio
lograr la escollera verde
viajo por dunas
oceánicos vientos nutridos de coleópteros
o enmudezco ante el cantar
de la escritura que zozobra

Madre no debió abandonar
el balcón de aquella puerta azul
sobre la montaña más alta

No debió escuchar a papá
así yo no habría
venido a esta cima

No estaría con mi canto
a riesgo de extinguirse
en la penumbra de este
pequeñísimo globo azul
a punto de estallar

EMERGENCIA

Ellas no querían cazar la noche Anne Sexton
ellas deseaban gozar disfrutar la noche
días de sombra  luz  oscuridad

María Jimena iba a clases de pedrería en la comisaría de Canto Rey/ María Jimena 11 años disfrutaba abalorios diurnos/ divertimento en su nuevo portalápices y su morral/ en sus mundos imaginados y prendas de vestir/ Aquí donde quieren matar los sueños pero no podrán arrancar tu voz/ qapariy que vacía las entrañas María Jimena/ aquí estamos/ vela encendida.

Si supieras Felipe Guamán Poma que aún
la absurda arrogancia de poseerlo todo
gobierna el mundo
acorrala a las niñas
y con la fuerza del odio de dios
violan y asesinan

“el padre Alvadán desnudaba a su hija y le miraba
el culo y el coño y le metía los dedos, y en el culo
le daba cuatro azoticos, cada mañana
 le hacía a todas las solteras (…) un fiscal atestigua
que un padre verdugo lo castigó porque tenía una india amancebada en su casa y cocina, y
así la tuvo; y después de haberle castigado le
pidió una hija suya, que tenía y le dijo que más
honra tenía que fuese mujer del padre y no de un indio hatun luna tributario y se llevó a la hija
doncella y la desvirgó a la fuerza; y
después de esto tornó a pedir a su hermana…”

FGP

Aquí estamos viajero en el matadero
continuamos navegando contra la corriente
siglo tras siglo

Aquí donde quieren matar los sueños
pero no podrán arrancar tu voz
aquí estamos apátridas
hierba encendida

Vicki Beatriz Quispe Hallasi 25 años natural de Juliaca/ quemada con agua hirviente en San Juan de Oro por Nicolás Albert Ccuno Perca/ fue en la madrugada de un día/ dios no estuvo enfermo/ Ella preparaba el desayuno en un cuarto alquilado/ ella lo amaba
¿Amor? ¿Temor a la soledad?/ a la soledad de la noche?/ Soledad helada en las alturas de Juliaca/ soledad agobiante del trabajo a destajo.
Prefería abrigarse en la cocina preparar sangrecita para comensales de ensueño/ prefería preparar el thimpo de Carachi a base de pescado/ olorosa muña y chuño entero/ Así lo conoció saborearon juntos  vibrantes viajes/ todo cambió desde que empezó a sumergirse en la oscuridad y frialdad minera/ la sorprendió arrojándole el agua hirviendo/ al oído/ al cuello/ al omóplato/ al pecho que ayer mimaba con sus besos.
Rosa Andrade Ocagane 67 años/ mujer sabia de los pueblos resígaro y ocaina/ natural de Nueva Esperanza y Pebas en Loreto/ Un 25 de noviembre de 2016/ te pienso y te imagino hermana Rosa/ navegando y cantando contra la corriente en el río más grande del mundo/ un 25 de noviembre el cuerpo de Rosa Andrade fue encontrado acribillado torturado/ autoridades de la comunidad resígaro encontraron y entregaron al asesino que quería matar tu canto/ la fiscalía provincial de la república y su “democracia” también quisieran matar tu canto/ para el tribunal de la república/ la vida de Rosa Andrade no vale absolutamente nada.
Eyvi Liset Ágreda Marchena 22 años/ empleada de service natural de Cajamarca/ quemada en un bus de la línea 8 entre la Av. 28 de Julio y Paseo de la República/ ironía de dios pater/ Eyvi fue quemada una mañana que dios estuvo enfermo/ dios no  estaba  enfermo/ dios arrojó gasolina e incendió la vida de Eyvi/ dios arrojó gasolina a Juana Mendoza/ cuantas veces pidió a su madre y su hermana que la esperaran que no la dejaran sola/ cuantas veces intentó denunciar

Han matado la vida
           la luna el sol
           han matado a Eyvi
           22 años
           sueños incumplidos
           señorita
           22 años mi hija.

Ausencia que hace llorar a la madre/ a las muchachas del barrio de la hermosa región de Cajamarca/ allí donde se padecen los secuestros/ cuarto de rescate con ondulantes nubarrones.

Han matado a Eyvi/ A Olinda Arévalo/ la abuela sabia del pueblo Shipibo-Konibo/ A la pequeña Jimena de apenas 11 años/ Sus vivaces ojos negros reflejan la profundidad de la noche/ vela encendida en trinar de pequepeques.
Sueños tercos
los sueños de Olinda
de Eyvi
los tuyos los míos
son rotundamente tercos
se multiplican
se reencuentran en las pequeñas
y grandes palabras
nos entrelazan
se visten con ropa limpia
saben a mandarina
a racimos de vid
saben a la vida vestida de enjambres violeta
y vibrantes océanos

Ellas no querían cazar la noche Anna Sexton
ellas deseaban gozar la noche
días de sombra luz y oscuridad

Hoy al borde del naufragio y esta llama que no se apaga/ Esta llama que arde que destruye y encabrita/ Esta llama en el cuerpo de Eyvi de Jimena/ En mi cuerpo llama muralla gigantesca que zarpamos en esta república encarnada en el gran depredador y sus anémonas insaciables
en esta gran prisión de niñxs y mujeres
en esta gran prisión de trabajadorxs

En ti observé lo que tienen de enigmático los tiranos  decía Kafka

Hoy necesito una poco de sombra
la sombra que siempre me aguardaba
hoy también se fue


Libro de poesía Jaurías de Fabián Bruno Remigio


Jauría

Me han otorgado un nuevo oficio en este mundo,
quieren que funja de sepult
urero de perros.
Cada mañana encuentro un perro muerto en la puerta
de mi casa, y debo cavar la inmensidad.

Más perros escogen mi casa para morir.
Ya perdí la cuenta de cuántos he lanzado a su
sepultura y desde allí, inermes y tristes, me miran:
la melancolía vive en ellos.

No escojan mi casa para morir,
la han invadido toda y ya no soporto sus rincones.
Convivo con la muerte que sorprendo en sus ojos,
me avisa que pronto seré un muerto más.

He aprendido a convivir con este olor,
encuentro en la mirada de ellos la mía.
Aprendí a vivir como hombre.

Soy uno más de la jauría que invadió esta ciudad.


Cover


Soy un fugitivo, un hombre sin tregua,
sin tus cabellos, con mi caballo cansado,
con mi montura rota de sol;
sé que estás lejos de mí, de mi estancia
pasajera, de este hombre que se desgaja de
soledad en las herraduras.
Es hora de ocultarse y ser parte del polvo ruinoso.





















Fabián Bruno Remigio
(Colán, Piura, 1983)

Estudió en la Universidad Nacional de Piura y la Universidad de Piura. El 2004 ocupó el primer lugar en el área de poesía de los Juegos Florales Flor de Achupalla, organizados por la Facultad de Ciencias Sociales y Educación de la Universidad Nacional de Piura. El 2007 ocupó el segundo lugar en el IV Concurso Nacional Escribas Muchiks, género poesía, organizado por el Conglomerado Cultural de Lambayeque.
Ha publicado, en coautoría, el libro Estirpe Púrpura (2010) y la antología de narrativa piurana Bitácora Púrpura (2013). Ha sido antologado en Catástasis 2013 y en Ausente ardor de arena & algarrobos (2017). Tiene una columna cultural en el diario Correo de Piura.


ROGER SANTIVÁÑEZ DIXIT:

Con este libro –titulado muy piuranamente Jaurías– es decir, la mancha de viringos que asola nuestros arenales, el poeta de los tres nombres Fabián Bruno Remigio se entronca con la mejor tradición poética de la región (la que va de Juan Luis Velásquez a Sigfredo Burneo pasando por Marco Martos), pero no se queda allí; nuestro autor –dueño de notable talento e impecable dicción– ha sabido configurar un manojo de poemas –frescos, concisos, compactos– llevándonos en un viaje a través de sus experiencias vitales, transformadas en visiones de proyección universal.
Estos textos –aludiendo al símil de Jaurías– nos aúllan (nos ponen ante la evidencia) de un pueblo –una nación– en lucha permanente por su identidad y su destino. El poeta es testigo y su misión es cantar los affaires de aquella masa humana azotada por la Historia. Y en el meollo de su corazón desolado el cantor es capaz de elevar una música que traspasa el tiempo; he aquí su rol y su registro: yendo desde la casa familiar hasta los contornos del mito; su palabra nos conmueve y nos redime.
Con este singular trabajo, Fabián Bruno se coloca en un especialísimo lugar de expectación en el vasto concierto de la poesía latinoamericana de la actualidad. Y lo hace desde sus cantos choquecos afirmando la melodía piurana –costa norte del Perú– vuelo y silbo de los aires que nos competen con sagrada inocencia y fulgor de sol sobre las dunas quemantes a un paso del mar de Colán.


domingo, 16 de diciembre de 2018

El Zorro y la Luna. Poemas reunidos 1981-2016 de José Antonio Mazzotti. Premio Internacional de Poesía José Lezama Lima 2018 Casa de las Américas, Cuba.

 “Confirmando que José Antonio Mazzotti (Lima, 1961), además de crítico sobresaliente, es uno de los poetas peruanos y, en general, hispanoamericanos más importantes surgidos en la década de los 80, su libro El zorro y la luna/Poemas reunidos 1981-2016 (NY, 2016) obtuvo uno de los galardones de poesía más relevantes del idioma español: el Premio José Lezama Lima, una de las distinciones extraordinarias que desde el 2000 otorga anualmente Casa de las Américas (Cuba), para reconocer la excelencia de un volumen de reciente publicación a cargo de un autor de descollante trayectoria creadora. Hasta ahora únicamente dos grandes –indispensables– poetas peruanos habían recibido el premio Lezama Lima: José Watanabe (2002) y Carlos Germán Belli (2009). Merecidamente, Mazzotti se suma a esa pléyade, en la que también figuran el chileno Raúl Zurita (2006) y la colombiana Piedad Bonnett (2014), entre otros» (Ricardo González Vigil).

«José Antonio Mazzotti ha expandido las nociones que como lectores podíamos tener del erotismo, del amor y de ese inmemorial anhelo de fundirse con lo que se ama, que es finalmente el anhelo de toda poesía... Esa dimensión arrasadora del deseo se funde a su vez con el recuerdo o el anhelo de una pureza que le otorga a los poemas de Mazzotti una multidimensionalidad que  no es común encontrar en la poesía que se hace cargo del tema amoroso. Es, por una parte, una poesía del lenguaje, donde el castellano se vuelca sobre sí mismo para sonar de una manera nueva, no oída antes, y a la vez es una poesía situada, peruana, que no puede sino ser peruana en el concepto más alto que se puede tener de una de las corrientes poéticas más poderosas de las escritas en los diversos territorios de nuestra lengua» (Raúl Zurita).


JOSÉ ANTONIO MAZZOTTI
La poesía de José Antonio Mazzotti tiene múltiples facetas y matices. Su estilo, en muchos sentidos, señala la evolución de la poesía en español desde el conversacionalismo de los años 1980 hasta el neobarroco del siglo XXI. Sus fuentes son igualmente múltiples, como sugiere el propio título de este libro, que se refiere a una leyenda quechua sobre un zorro que se enamora de la luna, aullando cada noche para llamar su atención. Al final, la luna se conmueve y envía un rayo de luz a la tierra para que el zorro suba y esté con ella. Impulsado por un deseo incontrolable, el zorro es incapaz de parar a tiempo y se estrella sobre el rostro de su amada, creando así las manchas lunares. La alegoría habla de la relación entre el poeta y la poesía: pasión e inmolación.
José Antonio Mazzotti (Lima, 1961) obtuvo el Primer  Premio en los Juegos Florales Universitarios “Túpac Amaru” de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con Poemas no recogidos en libro (Lima, 1981). Fue miembro de la Instancia Suprema del Movimiento Kloaka (1982-1984). En 1985 publicó su segundo poemario, Fierro curvo (órbita poética), y en 1988 su tercer libro, Castillo de popa. Ese año migró a los Estados Unidos. Desde entonces ha publicado El libro de las auroras boreales (Amherst, 1995), Señora de la noche (México, 1998), El Zorro y la Luna. Antología Poética 1981-1999 (Lima, 1999), Sakra Boccata (México, 2006, y Lima, 2007), Las flores del Mall (Lima, 2009), Declinaciones latinas (Houston y México, DF, 2015) y Apu Kalypso / palabras de la bruma (Lima, 2015), agrupados en la colección El Zorro y la Luna. Poemas reunidos 1981-2016, publicada por Axiara Editions y la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) el 2016. Esa edición mereció el Premio Internacional de Poesía “José Lezama Lima” otorgado por Casa de las Américas, Cuba, el 2018. En 2013 apareció una versión bilingüe de Sakra Boccata con traducciones de Clayton Eshleman en Ugly Ducling Press, Nueva York, y en 2018 The Fox and the Moon. Selected Poems, por Axiara Editions y la ANLE. Ha sido incluido en numerosas antologías peruanas y extranjeras, como la Antología general de la poesía peruana: de Vallejo a nuestros días (Lima), La mitad del cuerpo sonríe (México), La letra en que nació la pena (Lima), Caudal de piedra (México), Fuego abierto (Chile), Cuerpo plural (España), Liberation: New Works on Freedom from International Renowned Poets (Boston), etc. 
Actualmente es “King Felipe VI of Spain Professor of Spanish Culture and Civilization” y catedrático de literatura latinoamericana en la Universidad de Tufts, en Boston. Entre sus obras críticas se cuentan Coros mestizos del Inca Garcilaso: resonancias andinas (Lima, 1996), Poéticas del flujo: migración y violencia verbales en el Perú de los 80 (Lima, 2002), Incan Insights: El Inca Garcilaso’s Hints to Andean Readers (Madrid y Frankfurt, 2008), Encontrando un Inca: ensayos escogidos sobre el Inca Garcilaso de la Vega (Nueva York, 2016) y Lima fundida: épica y nación criolla en el Perú (Madrid y Frankfurt, 2016), así como numerosas ediciones y co-ediciones. Dirige la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana y la Asociación Internacional de Peruanistas y continúa ejerciendo la escritura poética, la investigación y el activismo literario.

Yegua es la hembra del caballo
(después de una lectura de R. Jakobson)

Yegua es la hembra del caballo y yegua
es mi mujer impronunciable por el resto de mis días, la frescura
de su sudor y de sus patas duras como un diente
y el lomo en que cabalgo rodeado de metrallas y sirenas anunciando
     un bombardeo.

Yegua es la hembra del caballo y yegua es mi mujer
de suave relincho a cien violines cuatro flautas dos trompetas
y un músico olvidado y legañoso / a media barba / y noches de terrible claridad.

Ella se mueve por los parques hinchando sus ancas (yo hincho mis pulmones)
salta y patea y no conoce a los flemáticos
desnuda una sonrisa / como quien abre una bolsa de arroz
sabe y no sabe siente y no siente grita y no grita
y esparce el arroz entre los novios.

Yegua es la hembra del caballo y yegua es mi mujer impronunciable
divina metalengua que pronuncio y no decoro
y salto y pateo y relincho y ya no sigo
sé que ella viene como un pasto dulce a perdonarme estas palabras.

Amazonas

Padre poderoso que te esfumas en el horizonte
Santificado sea tu fondo franela donde las conchas
Se funden con las ramas cimbreantes y las ramas
Un sueño milenario aletean en el desvientre de luz
El sabor de la sábila y el oro esperma del paiche
La iguana marrana / el cóndor delfín / la anguila mona
Y el loto de alfombras que dibuja el chullachaqui
Cubres lagos desde tu loma lechosa desde tus
Sabanas sabrosas de savia soberbia de subidas
Y bajadas restallando en el alcázar de tu sombra
Padre sembrado de arena derretida flotando sideral
Enfermo repentino incrustado de termómetros
Tus ninfas pústulas de arsón y fungen pécora
Tus algas ostentan las puntas quebradas tus pirañas
Se muerden entre ellas danzando en la niebla sidérea
Padre que estás en las ovas con la audacia de quien
Invade la planicie mamífera con océanos barrosos
Acidándose de úrea y de sueños de lavandería 
De blancuras por venir que no olfatean su caña de mayo
Y miras con misericordia lo que hemos hecho de ti 
Un seguro sin techo un dios inmortal y solamente eres 
El animal bóveda de los espíritus de todas las matas 
Y todas las copaibas y las nectandras y los zancudos
Que beben de tu cuello carnoso el hidrógeno sangre
La taruca tapiresca / el tortugo perezoso / la boa lagartija
Y el tahuarí amarillo que los amaranta y charapea 
Padre Yacuruna estarás con tu lagarto negro por los
Abismos de las cochas plateadas en la luna de tu madre
Corteza de tornillo cocinando la poción santificada que
Llevará tu grito ayaymama raspante por las quebradas 
Sentado como el simpira auscultarás los movimientos
De los intrusos antorchas que suturan tus poros estarás
Atento a la hoja inerte alada de los rombos cristalinos de
La caoba inmaculada y la cumala imberbe y la manchinga 
Acurrucada en el pino chuncho y el cachimbo con sangre 
De grado investirás de honor como pantera esos cráneos
Removerás con tus garras la hojarasca acecharás
Esos monos desnudos extraviados de su sendero
Y esos monos vestidos que traerán la fiebre ceniza
Padre Sachamama te desgajas y abandonas tu piel 
Que bordan las enanas cabezonas definitivamente
Ordenadas herederas del universo en ellas te deslizas
Silencioso por las hojas del cedro y te recoges
En el vientre de una roca raída al acecho escondiendo
Tus sables insaciables paladines de tu vientre infinito
Padre Yanapuma brujo perverso entre los más malignos
Tu silueta de jaguarnoche se confunde con los gallinazos
Para comer carne humana a cualquier costa la más dulce
De todas las delicias que la selva ofrece porque su aroma
De animal limpio es más agradable a las entrañas rojizas
Que asoman por tus ojos braseros por tu amargura de dios
Momentáneo de dios todopoderoso lo que un rayo azota
Padre Mapinguari perezoso gigante deambulas a veces
Tumbando los arbustos más altos desgarrando pieles
Cubiertas de esmeraldas bailas bajo las tormentas
Cazando cocodrilos en las bolainas y en las orquídeas
Saltando con los colibríes y los urcututos
Trompeando con los trepatroncos y las guacamayas
Tu monte de gigante es temido andante de los maqui
Sapas colas de mano arácnidos con tetas y cara
De gárgola asustada de los ocelotes gruñidos y lentos
De los relámpagos que paren tu sombra abiertos 
De piernas ante tu portento de portaestandarte  
Padre Chicua que revelas las infidelidades felices
Las de los animales que sólo caen ante la gravedad
Del amor sin condiciones ni futuro sólo presente
Puro insondable como tu bolsa de boa traga aldabas
En tus serenas curvas se solaza el universo erige
Su bastón de mando para besarte en cada abismo 
En cada noche bajo los troncos guarecidos y la lluvia
Lamiendo con furia su entrada al Paraíso rezando
Ave María Bendita Tú eres entre todos los placeres
Dispénsanos de rodillas te lo pedimos humildes
En tu leche palpitante y mullida nos fundimos en
El primer encuentro en el mar de la célula con cola 
Y el recinto secreto de la esencia de la Eternidad
Padre Yurupary que cruzas el caudal silente
Subiste al cielo en misión oficial y así te pagaron
Tomando la batuta los que antes te temían
Decidieron ordenar la casa hacerse cargo de todo
Y tus hijos olvidados como los sajinos deambulan
Por las cortezas de las moenas y los motelos rumiando
Las estrellas reclamando tu regreso / el Sakro Cosmos
Restablecido por los siglos de los siglos loado tu Nombre
Padre Tanrilla frágil garza de patitas de flauta de licor
Tu música levanta obeliscos humedece las nubes plácidas
Que encuentran en su ritmo de posishon el goce eterno
Por el que vive y muere y se desdice en gemidos el coro
Que canta cada noche:

“Ayaymama, Huischuhuarca: Nuestra madre ha muerto
Y nos abandonaron”.




martes, 27 de noviembre de 2018

Colina Cruz y Tiempos de Colambo, cuentos de la comedia humana rural de Teófilo Gutiérrez Jiménez



Miguel Gutiérrez: 
“La mayoría de las historias de Colina Cruz se erigen como una suerte de memoria colectiva de Guaranguillo, una aldea olvidada de la región de Jaén, en que junto al dolor, la violencia, la desolación se halla también el matiz humorístico de la comedia humana rural. Los personajes que son como sombras, como siluetas difuminadas o fantasmales, adquieren sustancia a través de la voz de los distintos narradores, voces que dan cuenta, casi siempre en un tono expiatorio y aun de conjuración, de la violencia subversiva y contrasubversiva, del peso de la superstición y la intolerancia aldeana, o de la iniciación degradada del sexo y el descubrimiento de la muerte y de la levedad y futilidad de los actos humanos. Pero lo que confiere mayor jerarquía artística a Colina Cruz, no son las historias en sí mismas sino la textura de la prosa, fresca y precisa, con que Teófilo Gutiérrez ha sabido tejer las voces narrativas de sus deleitables cuentos.” 

      
Raúl Jurado:
 “En Colina Cruz hay un buen uso de la coma retórica, el encantamiento de la oralización en boca de los personajes, la simpleza enumerativa para desarrollar la tensionalidad de la fábula, el recurso de lo cotidiano que depara sorpresas e historias en Guaranguillo, prosa fotográfica como instantáneas coloridas. Colina Cruz en su brevedad es un libro que marca con fuego los ojos del lector. Colina Cruz no es un libro para ser tragado, ni digerido sino para ser cosido en la mente diríamos parafraseando al viejo Bacón.”  




Alicia Santos: "Teófilo Gutiérrez Jiménez, autor de Colina Cruz, estudió en la GUE San Miguel de Piura y literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado el libro de cuentos Tiempos de colambo(Sanval, Lima, 1996) y cuentos en revistas diversas. También fue periodista en los diarios La Voz, La República, Ojo y en la Revista Somos de El Comercio. En 1989 obtuvo el Tercer Premio de Cuento Copé y en el 2004 el Primer Premio de Cuento 500VL-Municipalidad de Lima. Es creador del sello Hipocampo Editores. Nació en Jaén, pero desde los 9 años vivió en la calle Libertad, cuadra 1, frente al Teatro Municipal de Piura, y frecuentó a diario la casa del tío Néstor Martos Garrido, como le decían cariñosamente los jóvenes de entonces. Amigo de los mangaches de la Junín, los últimos. Este libro retoma la escritura dejada hace años para publicar otros libros de diversos autores de la literatura peruana. Publicamos Colina Cruz como un reconocimiento al autor-fundador por su calidad literaria fuera de toda duda. 



Antonio Gálvez Ronceros:
Tratándose de un libro de cuentos no es común que, además de la calidad de cada cuento, el conjunto logre construir un universo particular cuyas notas den la certeza de la autenticidad. Este logro es mucho menos común si se trata del primer libro de un autor. Teófilo Gutiérrez, en ésta su primera obra orgánica, ha logrado construir ese universo, lo que permite declarar con satisfacción que con ello la narrativa corta resulta enriquecida en sus mejores frutos. Tres son las notas esenciales de las historias de esta colección: conflictos de la vida cotidiana, ámbito de pequeño poblado que tiene muy cerca la flora y el desierto, y entrega de los hechos a través de la voz de los protagonistas. El tratamiento revela madurez: sentido de la estrategia en la distribución de los hechos, puntualidad en los recursos de estilo, pertinencia de la coloquialidad en el lenguaje de los protagonistas y funcionalidad de los datos de ambientación local. Pero estos recursos narrativos, operando sobre aquellas notas esenciales, no habrían cuajado con autenticidad un universo de la vida de provincia, sin esa actitud poética que se funda en la identidad del espíritu del autor y el espíritu del universo que postula.

Miguel Ildefonso:
Colina Cruz no es solo el rescate de la memoria; en sus historias seremos testigos de cómo la violencia es capaz de reinventarse para acabar con los últimos vestigios de la inocencia. La destreza narrativa de Teófilo Gutiérrez nos hará vivir –cual iniciados– esos momentos cruciales del Perú en que esta violencia deja ver su rostro antes de ejecutar a la víctima, allí en esos pueblos desolados, en donde lo raro, lo extraño y el asombro aún pervivían. 
Carlos Rengifo:
El arte del cuento, por su extensión y precisión, requiere de ciertas claves y sugerencias para que el cuadro presentado adquiera intensidad y profundidad. Pero no bastan solamente las técnicas, menos el artificio; en el meollo, es la historia la que finalmente impondrá su ritmo y dirección, y la que seducirá o desalentará al lector. En Colina Cruz, la vida humana corre con la soltura quieta que la da la palabra, y el ambiente rural que baña todos los cuentos deja, por instantes, un hálito de melancolía. Los personajes –seres sencillos, en contacto directo con la naturaleza– se enfrentan sin remilgos a su destino, y es en aquel destino donde se hilvana la visión del autor, que no es para nada fatalista, sombría, ni poco edificante, sino más bien de una sutileza irónica, parejada con un rango aleccionador. 

 domingo, agosto 22, 2010

TEOFILO GUTIERREZ Y SU COLINA CRUZ EN TIEMPOS DE LETRA

RAÚL JURADO PÁRRAGA
“Al comenzar la noche no se oyó ningún balazo y no hubo alboroto de perros, pero sí un endemoniado croar de sapos en la orilla del río cercano a la casa de los Ruiz.” Así, de sugerente se presentan las primeras líneas del cuento Pincelada que integra el breve libro: Colina cruz (Hipocampo Editores, 2009) de Teófilo Gutiérrez Jímenez. La construcción oracional muestra el escenario de la historia a desarrollarse. Nos pica la curiosidad por saber que le sucede a los Ruiz y el narrador va configurando el espacio dialógico entre Pablo Ruíz y su mujer: “-¡hombre apaga la luz! / El giró los ojos hacia el umbral de la puerta del dormitorio, donde estaba la mata de sábila colgada y amarrada a un clavo oxidado por una cinta de tela roja. Una hoja se estaba secando./ -¡malagüero- le dijo ella/ -¡tonterías – dijo él. Se seca porque las hojas también mueren alguna ve. Nacerán otras, y así , sucesivamente.“ La tensión del fatalismo y la muerte se muestran como máscaras de la soledad, la superstición, el olvido, el recuerdo. Teófilo Gutiérrez con “oficio de narrador” y con una prosa minimalista va estructurando la memoria de los moradores de “Guarangillo” un olvidado lugar ubicado en Jaén. Colina cruz no es un libro de cuentos más, es un libro de cuentos bien escritos. En el cuento: la mujer de Antonio Claros la historia recrea desde la escritura “la oralización de esos personajes”: “no que decían que la mujer tenía las piernas como patas de saltamontes”, •”como que tenía cola de mono y pezuña en lugar de un pie” Coloquio y chisme una mirada de censura y de “mal-decir” colectivo que tensiona la actitud de hombre que se aleja y esconde su “felicidad” fuera de ese enjambre de “enjuiciamientos” . Colina Cruz en los diez cuentos que la conforman nos es un libro más sino un libro que confirma la destreza narrativa de Gutiérrez quien ya el año de 1995 había editado su libro: “Tiempo de Colambo” con siete cuentos admirables, por el tratamiento minimalista del relato.
Volviendo a Colina Cruz en este libro no hay ornamentación innecesaria sino, por el contario se da paso al ensayo de la brevedad y la pincelada exacta para graficar historias que tematizan la memoria colectiva de los habitantes de Guarangillo donde se hace presente la superstición, la soledad, la muerte, el juego, lo mágico, lo infernal, lo popular, la venganza, la envidia, el amor. Un cuento que recrea la memoria colectiva con belleza y picardía es el “diablo en el arroyuelo” que a partir de la imagen tierna de la niñez nos traza la derrota del viejo Satán con admirable ludismo. Por otro lado, señalo dos textos ejemplares de esa manía por contar bien; “noche de perro”, “un brujo, un colambo y una piedra muy rara”. Aunque en su totalidad cada cuento muestra su valía. Otro rasgo que llama la atención en Colina Cruz es señalar el salto cualitativo que ha seguido Gutiérrez desde sus primer libro hasta este segundo libro. Gutiérrez es un “orfebre hábil en el difícil “arte de contar bien una historia”. En Colina Cruz hay un buen uso de la coma retórica, el encantamiento de la oralización en boca de los personajes, la simpleza enumerativa para desarrollar la tensionalidad de la fábula, el recurso de lo cotidiano que depara sorpresas e historias en Guaranguillo, prosa fotográfica como instantáneas coloridas. Colina Cruz en su brevedad es un libro que marca con fuego los ojos del lector. Colina Cruz no es un libro para ser tragado, ni digerido sino para ser cosido en la mente diríamos parafraseando al viejo Bacón. Es un libro de “cuentos deleitables“ dice en la contratapa Miguel Gutiérrez. Yo agregaría que es un libro de cuentos finamente cincelados con oficio y paciencia narrativa.

LUNES, 7 DE MAYO DE 2012


TEÓFILO GUTIÉRREZ, UN ANÓNIMO CONOCIDO / Bernardo Rafael Álvarez

No sé si es buena o mala la costumbre que tengo de no frecuentar muy apretadamente los lugares donde suelen reunirse los poetas y escritores; me refiero, claro, a los bares del centro de Lima y de otras partes y, concretamente, del jirón Quilca. Pero lo cierto es que debido a esto pierdo las oportunidades de enterarme tempranamente de algunas nuevas apariciones bibliográficas de algunos amigos. Hace ya doce años Teófilo Gutiérrez, a través de su sello editorial Hipocampo, publicó un poemario mío –Dispersión de cuervos-; pero hace más de doce años que entre él y yo nació una entrañable amistad (iniciada gracias al gran Juan Ramírez Ruiz, allí precisamente: en el jirón Quilca) que, aunque últimamente no nos vemos mucho, sé que ha ido fortaleciéndose con el tiempo. Para definirlo en dos palabras, diría que Teófilo es un buen pata. Pero es, además, de eso y de cuidadoso editor (lo digo con conocimiento de causa) un mesurado y muy talentoso narrador. 

En 1995 sacó a la luz “Tiempos de Colambo”, una colección de relatos con sabor y aroma a evocación aldeana que, no obstante tratarse de “cuentos iniciales”, como los definió en la dedicatoria que colocó en el ejemplar que entonces me obsequió, son textos que en verdad ponen de manifiesto una ostensible madurez a la que se suma la innegable calidad. Al leer el título de ese libro, lo confieso, me quedé medio estupefacto. Tuve que preguntarle a Teófilo y él se encargó de “desasnarme”; me explicó que “colambo” es el nombre dado a una serpiente, una serpiente muy extraña en realidad. Efectivamente, en uno de los relatos es descrita como un ofidio “parduzco y voraz, que puede mimetizarse como cualquier culebra de monte”. Así, inusitados, como esto que leemos en la descripción anotada, son los relatos que nos ofrece el libro primero de Teófilo Gutiérrez. Y limpiamente, como limpia y clara es el alma de nuestros pueblos, los relatos aparecen como una fotografía poética de la gente de nuestra sierra norteña; son, como muy bien apunta Antonio Gálvez Ronceros en el colofón, “un universo de la vida de provincia”, con “esa actitud poética que se funda en la identidad del espíritu del autor”.  
Teófilo Gutiérrez no es, digamos, un escritor apurado, desesperado, por publicar; es, más bien, un autor que hace gala de una excesiva parsimonia que no es precisamente, en su caso, signo de pereza, sino de responsabilidad por su oficio y de respeto por los lectores. Él es consciente de que un trabajo debe estar bien hecho, para ser digno de entrega. Y el cuidado que pone en lo suyo, también se da respecto de las ediciones que hace, con su sello editorial, de los libros escritos por poetas y narradores peruanos, especialmente jóvenes. La publicidad y la fama personal no es algo que le quite el sueño. Y esta suerte de despreocupación por ubicarse en la tribuna visible, es la razón por la que recién catorce años después, el 2009, de la aparición de su primer libro, decidió mandar a la imprenta su segundo volumen de relatos. Y yo, por lo que dije al principio (mi reticencia a ser asiduo concurrente de los lugares de encuentros bohemios), hace apenas unas semanas que tomé conocimiento de esto y, naturalmente, llegué a tener entre mis manos el libro que me ha regocijado con su lectura.
Como ya lo había adivinado, este libro no hace sino confirmar lo sabido: la calidad en la escritura de Teófilo Gutiérrez. Es, qué duda cabe, una valiosa contribución a la narrativa nacional venida de la parte norte de nuestro país. Entre otras cosas, creo que su importancia está –repito- en su capacidad de mostrar con palabras el alma limpia y clara de los pueblos nuestros, representados en los ojos y la sensibilidad de Teófilo, por –como dice Miguel Gutiérrez- la “memoria colectiva de Guaranguillo, una aldea olvidada de la región de Jaén”; Jaén, la provincia donde nació el autor de este libro cuyo título es “Colina Cruz” y ha sido escrito gracias al estímulo de la nostalgia y por eso deja notar –tomo las palabras de Carlos Rengifo- “un hálito de melancolía” a pesar de la “sutileza irónica”.
 Raúl Jurado Párraga escribió una nota acerca de “Colina Cruz”, en que, con toda justicia, reconoce la destreza narrativa de nuestro autor y apunta que “no es un libro de cuentos más, es un libro de cuentos bien escritos”. Bueno, es natural que sea así, porque no estamos frente a un escritor improvisado. Hizo labor periodística, como colaborador en los diarios La voz, La República y Ojo, además en la revista Somos. Obtuvo, en 1989, el Tercer Premio de Cuento Copé y en el 2004 ocupó el primer lugar en el Concurso de Cuento 500VL. Es un escritor con oficio, pues. Pero es digno de señalar que Jurado Párraga, acertado escrutador, ha logrado precisar que en los relatos de “Colina Cruz” son “la superstición, la soledad, la muerte, el juego, lo mágico, lo infernal, lo popular, la venganza, la envidia, el amor”, los elementos que caracterizan a lo que el otro Gutiérrez -el autor de “El viejo saurio se retira”- llama “la memoria colectiva de Guaranguillo”. A esto, sin embargo, no podemos dejar de agregar el discreto toque de ironía, de buen humor (inherente a Teófilo), que siempre se hace presente. Solo una frase quiero citar, porque es representativa: “Por eso he cogido el pasatiempo de olvidarlo todo…”. El olvido no como un simple vacío, como ausencia de memoria, sino como “un acto”, un pasatiempo. Pura reflexión. Puro humor. 
Hay un cuento en que aparece esto: “el Diablo se dijo para sí que ya era tiempo de traer al infierno a unos cuantos jovencitos porque tenía que renovar sus ejércitos envejecidos”. Yo debo decir que, efectivamente, ya es tiempo, jovencitos y señores, no de acercarse al infierno precisamente pero sí a esta suerte de fuego fecundo que es la narrativa de Teófilo Gutiérrez, poco conocida pero merecedora de mayor difusión y, sobre todo, de lectura. No sean mezquinos, señores de la crítica literaria. Teófilo Gutiérrez no puede seguir siendo lo que yo llamo “el más conocido de los anónimos en nuestro medio”.

http://imaginariotranseunte.blogspot.com/2012/05/teofilo-gutierrez-un-anonimo-conocido.html

DEAMBULA EL OTOÑO, LIBRO DE POESÍA DE CARLOS L. ORIHUELA

Deambula el otoño  testimonia un trabajo sobre la significación y el tránsito por las rutas sutiles del arte y la vida. Reúne poemas de vari...