viernes, 6 de mayo de 2016

Nueva publicación: Apostrophe de Gino Roldán

Apostrophe de Gino Roldán


ISBN 978-612-4082-43-6

José Antonio Mazzotti, dixit:

El simple esfuerzo de escribir poesía implica un conocimiento amplio del idioma, una destreza particular para hilvanar sus signos, una coherencia mínima entre lo que el poeta quiere decir y lo que termina diciendo. Imaginemos ahora ese proceso cuando lo que se quiere indagar es el misterio mismo de la creación poética, es decir, cuando la poesía se pone al servicio de su propia materialización para iluminar “el intervalo entre la nada y la palabra”. Apostrophe, de Gino Roldán, es uno de esos libros especiales dedicados al enigma de la poesía, de su génesis, su desarrollo y su parto final en el poema. “Como un mono sonriente / Cuyo sexo vierte en brote de palmera / El cerebro destila sus secreciones / Los fluidos verticales de una testa / Que se abre” […] “Como un mono sonriente / Al que han brotado un par de alas / Florece la Palabra / Su canto de rosas destiladas”. Así, Apostrophe o apóstrofe (figura que interpela a un tú o un ustedes, reclamando su atención, y que no hay que confundir con el signo gráfico del apóstrofo) es un continuo llamado a la poesía para que eche a volar, cobre vida, huela, musite, cante, a veces incluso a pesar del lenguaje, que puede resultar su cárcel. Por eso, hasta el poema mismo, “el signo irredento […] Cartografía del alma: / El signo jamás será suficiente”. Y en esa tensión –órfica y profunda como un abismo– entre el poema y la poesía es que este excelente libro encuentra su sentido.



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Ricardo González-Vigil dixit:

“Diestra en recursos expresivos, penetrantemente lúcida y, a la vez, oscuramente visionaria, la metapoesía de Gino Roldán se nutre admirablemente del legado de la “alquimia del verbo” de Rimbaud. No arriba al Absoluto (el Oro), sino los “presagios abisales” de la nada. La poesía fracasa como epifanía (iluminación) del Sentido (Verbo)”.


Gino Roldán es Licenciado en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Perteneció al grupo poético El Club de la Serpiente y con ellos publicó el libro grupal Club de la Serpiente. Muestra poética (Hipocampo editores, 2007); esta publicación trae notas de Róger Santivañez, Ricardo González Vigil y José Pancorvo. En el 2014 se licenció con la tesis La poética del desborde: análisis de Pastor de perros (1993) de Domingo de Ramos. Ha sido incluido en varias antologías de poesía y reseñas suyas aparecen en algunos medios físicos y electrónicos. Una versión preliminar de su poemario Apostrophe obtuvo la “Rosa de Plata”, distinción otorgada por obtener el segundo lugar en los juegos florales “Juan Parra del Riego”(2013), concurso de poesía organizado por la Municipalidad de Barranco, la revista Caretas, la Embajada de Uruguay y el centro cultural Juan Parra del Riego. En la actualidad se dedica a la docencia.

ESTA ES

La obertura en medio del silencio
El muro, la piedra ajada por el tiempo

La piedra
Y la densidad del aire, la transparencia
Del árbol y su ramaje pétreo.

                                   Es el Verbo del aire.

Y es
Un ojo hiriente que hurga en la niebla
E  ilumina un cráneo abierto.

El Verbo que se anuda a una roca calcinada

                                                      Es, a su vez,
Un hueso roído, brillante en su descomposición,
Que terco, irremediablemente terco,
Permanece.

—Ásperos los metales filtrados por el viento—

Diversas son las manifestaciones de lo permanente:
Las  órbitas descritas por los astros, el movimiento acompasado
de la marea, la acústica de las altas esferas.

Mas
Un caparazón flotando sobre las aguas
También es un símbolo
Y permanece

                                        Es el Verbo un signo
Del sentido y la ausencia
Que brota difuso sobre la página

                                       Y habita
Entre la Nada y su pálido reflejo
—La Nada y sus ribas de oro
Iluminadas por centenares de objetos—

                                                 Mas el Verbo no es siempre preciso

Rueda imperceptible sobre lo Real
Difumina el espacio, precisa el sentido
Ausculta, dilata

El Verbo y su diafragma de luz
Flotando invariable sobre un trapecio

Esta es

La obertura en medio del silencio
Los signos, sus tránsitos y figuraciones,
Las celdas abiertas y el vuelo
Del Verbo, su ramaje disperso.

—Ásperos los metales filtrados por el viento—


ALEGORÍA DEL OBJETO II 
(Bodegón)

Escancia luz sobre madura boca
El surco henchido que resplandece

Del cántaro los frutos rebosantes
Las peras y duraznos, los racimos

En bucólica imagen de natura
El cuerpo es fragmento, dividido

Las vides cual colgantes cabelleras
Cáscara, la piel; la pulpa brillante

Como un sexo espinoso y abierto

Ebriedad propicia, desnuda la hembra
No es sentido, ni proyección mayor
Solo plena forma que gobierna.

domingo, 23 de agosto de 2015

EL NOVELISTA DE ANSURIA: Nelson Angulo Felipa

Nació en Ica, Perú. Estudios realizados en esa tierra de caléndula y luego Letras y Educación en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).  Publicó El transatlántico mágico (Hipocampo, 2008) y Abortada al amanecer (Hipocampo, 2010), novelas que forman parte de la zaga de Ansuria, es decir la arcadia de Nelson Angulo. Al respecto, dice: "Ansuria es un trabajo fuera de lo común por la trascendencia de su tema y de su intención. Exige dedicación y concentración total y, a la vez, ampliación de mis conocimientos sobre temas importantes (filosofía, guerras mundiales, religiones, doctrinas o sistemas políticos, etc.) y, sobre todo, más información del átomo, de la energía nuclear y de los elementos radiactivos. En fin, disponer del material indispensable para que este libro cumpla con sus propósitos". 


Nelson Angulo Felipa. Foto de Edgar Asencios.
ISBN 978-612-4082-01-6

"Solo he colocado, hasta ahora, dos piezas de este rompecabezas denominado Ansuria. Sé, sin dudarlo un instante, que aún faltan seis; y mi optimismo se mantiene igual desde un comienzo.
La primera ficha se relaciona con el sexto libro, El transatlántico mágico, en el cual sobresale la idea de los países sin fronteras sujetos a una sola bandera, que flamearía para todos en el amanecer y el atardecer de los nuevos días.
Sin embargo, mover y poner en su lugar la segunda, parecía un trabajo irrealizable. Me imaginaba que solo una grúa gigantesca podría levantarla debido a su peso dlescomunal, como si fuera una verdadera bomba atómica. Pero a la hora de los hechos solo pesaba unos cuantos gramos. Y por fin, después de tanto tiempo, las almas de esta tragedia espantosa han de descansar aliviadas y tranquilas en la eternidad, porque la antorcha de la paz encendida en los corazones de la gente de todo el mundo jamás se extinguirá."

sábado, 1 de agosto de 2015

APU KALYPSO de JOSÉ ANTONIO MAZZOTTI

Apu Kalypso, el brillante título de este libro, es una combinación de la deidad andina y la seductora ninfa de la mitología griega, que juntas connotan el Apocalipsis. De por sí, ya es una muestra de la profundidad intelectual y el vuelo poético de su autor. Este es el momento de erigir monumentos y organizar archivos sobre el mundo tal como lo conocemos, antes de que la frágil memoria humana borre siglos de tradición tejida alrededor de una naturaleza recurrente y perdurable. El libro de José Antonio Mazzotti es tal monumento. Nos hace amar nuevamente el mundo, lo cual es, finalmente, el efecto y el propósito de todo verdadero arte. Doris Sommer (Harvard University)
                                       ISBN 978-612-4082-37-5                
                                   
José Antonio Mazzotti es un destacado miembro de la Generación Poética Peruana del 80. Obtuvo el Primer Premio en los Juegos Florales Universitarios “Túpac Amaru” de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con Poemas no recogidos en libro (Lima, 1981). En 1985 publicó su segundo poemario, Fierro curvo (órbita poética), y en 1988 su tercer libro, Castillo de popa, que refleja el estado de ánimo de un amplio sector de la juventud peruana de entonces frente a los difíciles años de la guerra civil y el deterioro económico galopante del país. Ha publicado también El libro de las auroras boreales (Amherst, 1995), Señora de la noche (México, 1998), El Zorro y la Luna. Antología Poética 1981-1999 (Lima, 1999), Sakra Boccata (México, 2006, y Lima, 2007, con prólogo de Raúl Zurita), Las flores del Mall (Lima, 2009) y Declinaciones latinas (Houston y México, DF, 2015). En 2013 apareció una versión bilingüe de Sakra Boccata con traducciones de Clayton Eshleman en Ugly Ducling Press, Nueva York. Ha sido incluido en numerosas antologías peruanas y extranjeras, como la Antología general de la poesía peruana: de Vallejo a nuestros días (Lima), La mitad del cuerpo sonríe (México), La letra en que nació la pena (Lima), Caudal de piedra (México), Fuego abierto (Chile), Cuerpo plural (España), Hommage poétique à César Vallejo (Francia), etc. Actualmente es miembro de la Instancia Suprema del Movimiento Kloaka y catedrático de literatura latinoamericana en el Departamento de Lenguas Románicas en la Universidad de Tufts, en Boston.

Amazonas

Padre poderoso que te esfumas en el horizonte
Santificado sea tu fondo franela donde las conchas
Se funden con las ramas cimbreantes y las ramas
Un sueño milenario aletean en el desvientre de luz
El sabor de la sábila y el oro esperma del paiche
La iguana marrana / el cóndor delfín / la anguila mona
Y el loto de alfombras que dibuja el chullachaqui
Cubres lagos desde tu loma lechosa desde tus
Sabanas sabrosas de savia soberbia de subidas
Y bajadas restallando en el alcázar de tu sombra
Padre sembrado de arena derretida flotando sideral
Enfermo repentino incrustado de termómetros
Tus ninfas pústulas de arsón y fungen pécora
Tus algas ostentan las puntas quebradas tus pirañas
Se muerden entre ellas danzando en la niebla sidérea
Padre que estás en las ovas con la audacia de quien
Invade la planicie mamífera con océanos barrosos
Acidándose de úrea y de sueños de lavandería
De blancuras por venir que no olfatean su caña de mayo
Y miras con misericordia lo que hemos hecho de ti
Un seguro sin techo un dios inmortal y solamente eres
El animal bóveda de los espíritus de todas las matas
Y todas las copaibas y las nectandras y los zancudos
Que beben de tu cuello carnoso el hidrógeno sangre
La taruca tapiresca / el tortugo perezoso / la boa lagartija
Y el tahuarí amarillo que los amaranta y charapea
Padre Yacuruna estarás con tu lagarto negro por los
Abismos de las cochas plateadas en la luna de tu madre
Corteza de tornillo cocinando la poción santificada que
Llevará tu grito ayaymama raspante por las quebradas
Sentado como el simpira auscultarás los movimientos
De los intrusos antorchas que suturan tus poros estarás
Atento a la hoja inerte alada de los rombos cristalinos de
La caoba inmaculada y la cumala imberbe y la manchinga
Acurrucada en el pino chuncho y el cachimbo con sangre
De grado investirás de honor como pantera esos cráneos
Removerás con tus garras la hojarasca acecharás
Esos monos desnudos extraviados de su sendero
Y esos monos vestidos que traerán la fiebre ceniza
Padre Sachamama te desgajas y abandonas tu piel
Que bordan las enanas cabezonas definitivamente
Ordenadas herederas del universo en ellas te deslizas
Silencioso por las hojas del cedro y te recoges
En el vientre de una roca raída al acecho escondiendo
Tus sables insaciables paladines de tu vientre infinito
Padre Yanapuma brujo perverso entre los más malignos
Tu silueta de jaguarnoche se confunde con los gallinazos
Para comer carne humana a cualquier costa la más dulce
De todas las delicias que la selva ofrece porque su aroma
De animal limpio es más agradable a las entrañas rojizas
Que asoman por tus ojos braseros por tu amargura de dios
Momentáneo de dios todopoderoso lo que un rayo azota
Padre Mapinguari perezoso gigante deambulas a veces
Tumbando los arbustos más altos desgarrando pieles
Cubiertas de esmeraldas bailas bajo las tormentas
Cazando cocodrilos en las bolainas y en las orquídeas
Saltando con los colibríes y los urcututos
Trompeando con los trepatroncos y las guacamayas
Tu monte de gigante es temido andante de los maqui
Sapas colas de mano arácnidos con tetas y cara
De gárgola asustada de los ocelotes gruñidos y lentos
De los relámpagos que paren tu sombra abiertos
De piernas ante tu portento de portaestandarte
Padre Chicua que revelas las infidelidades felices
Las de los animales que sólo caen ante la gravedad
Del amor sin condiciones ni futuro sólo presente
Puro insondable como tu bolsa de boa traga aldabas
En tus serenas curvas se solaza el universo erige
Su bastón de mando para besarte en cada abismo
En cada noche bajo los troncos guarecidos y la lluvia
Lamiendo con furia su entrada al Paraíso rezando
Ave María Bendita Tú eres entre todos los placeres
Dispénsanos de rodillas te lo pedimos humildes
En tu leche palpitante y mullida nos fundimos en
El primer encuentro en el mar de la célula con cola
Y el recinto secreto de la esencia de la Eternidad
Padre Yurupary que cruzas el caudal silente
Subiste al cielo en misión oficial y así te pagaron
Tomando la batuta los que antes te temían
Decidieron ordenar la casa hacerse cargo de todo
Y tus hijos olvidados como los sajinos deambulan
Por las cortezas de las moenas y los motelos rumiando
Las estrellas reclamando tu regreso / el Sakro Cosmos
Restablecido por los siglos de los siglos loado tu Nombre
Padre Tanrilla frágil garza de patitas de flauta de licor
Tu música levanta obeliscos humedece las nubes plácidas
Que encuentran en su ritmo de posishon el goce eterno
Por el que vive y muere y se desdice en gemidos el coro
Que canta cada noche:

“Ayaymama, Huischuhuarca: Nuestra madre ha muerto
Y nos abandonaron”.


miércoles, 15 de julio de 2015

HECHIZO, LIBRO DE CUENTOS DE JOSÉ CASTRO URIOSTE (Lima, 2015)

Hechizo, de José Castro Urioste, es un esperado volumen de cuentos. Reúne una serie de historias que, desde la primera hasta la última, grafican con creces la destreza técnica del autor y su capacidad para crear consistentes universos ficcionales. Ellos persisten en la memoria del lector una vez concluida la lectura. Heredero con toda justicia de la mejor tradición del cuento peruano e hispanoamericano, Castro Urioste hace suyas tanto la factura clásica como aquella que busca nuevas vías de elaboración. Esta es siempre cuidadosa en la observancia de las altas exigencias formales del género. Pero, sobre todo, destacan las grandes virtudes del narrador a la hora de insuflar vida a personajes verosímiles y de honda sicología. Sin duda Hechizo significa un gran aporte a la narrativa peruana contemporánea, tan necesitada de sobrios modelos que se alejen de las impostaciones mediáticas o de las modas pasajeras.  José Güich Rodríguez


ISBN 978-612-4082-31-3
 “Es evidente que Castro Urioste ha incluido en sus cuentos algunos destacados tópicos del existencialismo –kierkegaardeano y sartreano para más señas. Hemos hablado de una aguda consciencia de lo subjetivo, de elecciones que llevan a catástrofes, de la culpa –y entonces de la responsabilidad, pues sólo es culpable quien se siente responsable de algo–, de la angustia del sujeto que revisa sus acciones y de la ardiente sensación de precariedad de la existencia.” Raúl Bueno Chávez

José Castro Urioste

Estudió Literatura en la Universidad de San Marcos y Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Lima. Se doctoró en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh. Ha publicado A la orilla del mundo (teatro, 1989), Aún viven las manos de Santiago Berríos (noveleta, 1991), Dramaturgia peruana  (teatro, 1999), ¿Y tú qué has hecho? (novela, 2001), De Doña Bárbara al neoliberalismo (crítica literaria, 2006). Es co-editor de América Nuestra, antología de la narrativa en español en Estados Unidos (2011). Ha sido finalista dos veces en el concurso Letras de Oro –en teatro y cuento–, y finalista en el Premio de Novela La Nación-Editorial Sudamericana en Buenos Aires. Sus obras de teatro –como  La ronda, Ceviche en Pittsburgh y Perversiones– se han producido en Estados Unidos, Uruguay y Perú. Actualmente, es catedrático de Literatura Latinoamericana en Purdue University Calumet y radica en Chicago.


Tensión y pasión del momento culminante del acontecer en los relatos de José Castro Urioste
RAÚL BUENO
Dartmouth College / Universidad Nacional Mayor de San Marcos

la pasión del miedo lo invalidaba 
Borges: Ficciones

José Castro Urioste ha escrito en este volumen de cuentos el estado tenso de la situación inminente, no propiamente el acontecer narrativo que interesa a la mayoría de cuentistas, aunque de él se valga para extremar la tensión que destaca. Sus relatos moran —demoran— en la asimilación del instante, esto es, en la comprensión que hace el protagonista —y entonces el lector— de la densidad del momento crítico de su historia. O se detienen ahí precisamente, en el vislumbre del estado duro de una catástrofe personal y la insoportable sensación de infinitud de lo finito: la captación psicológica de una fatalidad. Para decirlo à la Bergson, Castro Urioste ha escrito la durée de las crisis individuales. Así, sus relatos se empeñan en el tiempo vivido por la consciencia, o tiempo concreto, no en los meandros de su devenir, ni mucho menos en su abstracta cronometría, aunque éstos no les sean ajenos.
Lo dicho se ve de modo destacado en el cuento “Sasha”, cuando la imaginación de una interlocutora sincroniza vívidamente, vía Internet, con la evocación del espectáculo del horror que le hace otra interlocutora y con la duración de la tortura, inflingida “con paciencia exagerada”, que esta última había sido obligada a contemplar. También en el cuento que da título al conjunto, “Hechizo”, en que una golpiza escala letalmente por la acción combinada del prurito de la víctima por provocarla —“todo ya se acabó, le respondías”—, la pasión que realimenta la violencia —“estabas traicionando su entrega”— y la dilatada pero aguda sensación de que aquélla va perdiendo el sentido. Y quizá mejor, aún, en “La llamada”, cuyo tiempo relatado abarca poco menos de dos horas, pero cuya duración mental se extiende a la reconstrucción pormenorizada de toda una vida adulta, con énfasis en el momento que prefigura la actualidad, mientras puntualiza la tensión de una espera mareada por el deseo de comunicación y el temor de fallarla: el protagonista intenta denodadamente comunicarse desde los EE.UU., la noche de Navidad, con su familia peruana —esposa, hijos— a la que parece estar perdiendo irremediablemente: “Alguna vez tuvieron una casa todos juntos”.
En éstos y otros casos el tiempo que magnifica el relato es siempre un tiempo experimentado en mente y carne propias: un tiempo vivido como momento crucial o definitivo en la vida de los sujetos de la ficción, y en que la muerte suele ser un factor inmediato, o casi, que irrumpe en el alma con toda su desventura y peso.
Desde el punto de vista narrativo, se puede decir que los relatos de Castro Urioste destacan precisamente el modo cómo el evento recala en la conciencia del protagonista: un tiempo espeso, cargado de sentido y hondas posibilidades, sin importar su extensión física. De ahí que lo suyo no sea tanto la secuencia del acontecer, caro a la mayoría de desarrollos narrativos, como la vivencia del momento crítico o culminante de la acción, esto es, el estado tenso y denso de la circunstancia crucial. “Muertes circulares” lo tiene más claro que otros relatos. Allí la presión de lo que va a ocurrir, esto es, de lo que aún no ha sucedido pero va a ocurrir, sumada a la esperanza de que no pase, o mejor, de que no va a pasar, o al menos, de que no va a pasar del modo en que se espera, confiere al tiempo vivido la angustia de lo peligroso inminente. Una angustia que se vive por partida doble, pues el relato superpone dos historias paralelas ligadas por una similar relación de dominante a subordinado, o más exactamente, de organizador de las reglas del juego a obediente ejecutor de las mismas. La remota esperanza de sobrevivencia abrigada por los sujetos de acción ya no existe para el lector de la historia, pues le es negada de entrada por la rotundidad del título: “Muertes”.
Castro Urioste ha escrito aquí también la corrosiva viscosidad de la culpa. Pocos son los protagonistas de sus cuentos que no son abatidos por este sentimiento, que en algunos de ellos es una verdadera pasión. En eso está la protagonista de “Hechizo”, bajo la forma del remordimiento, cuando descubre que no puede deshacer el embrujo que provocó la obsesión mortal de su amante. También Sasha, del cuento que lleva su nombre, cuando es inducida a vivir una culpa diferida, puesto que es serbia, ante la hecatombe de croatas en Herzegovina. Y Ernesto, de “Diez horas de Soledad”, al descubrir tras una noche de aparente fortuna que Soledad lo ha hecho parte de un ingenioso e impecable tramado, que no sólo le demuestra su incurable cobardía sino que hasta cuenta con ella para montar el tinglado. También el loco Santacruz, en “Aún viven las manos de Santiago Berríos”, al ceder ante la tortura y acusar de asesino a Sacarías, su inocente benefactor. Y Amador, del mismo relato, al caer primero en cuenta de que tal vez sus primos y él estaban matando a un inocente —”quedó muriendo con sus ojos de pregunta”—, y al cruzarse después con la intuitiva mirada acusadora de la hermana de Sacarías: “volteó a mirarnos y de seguro siguió mirándonos durante largo rato.” Tal vez con igual acritud viven sus remordimientos Valeriano, de “Compadres”, cuando toma cabal conciencia de sus irreparables engaño y cobardía; Rubén, de “La llamada”, al hacer recuento al filo de la hora de sus engaños y fracasos; y los cofrades de “Desnudos a media noche” al enfrentar de plano su insulsa existencia, carente de solidaridad y valor, ante la amenaza de suicidio de su compañero Pedro.
Mas no todo avatar en este libro gira en torno a la culpa y sus variantes. Hay situaciones y personajes que en la instancia cimera experimentan pasiones contrarias, y en cierto modo contradictorias de la culpa. Es el caso de la madre india y su complejo sentimiento de iracundia y fatalidad en “Muertes circulares”.  También el caso de los sudacas y su temeridad suicida, en el mismo cuento, propiciada por la necesidad y el alcohol. Y el caso del profesor de filosofía, en “Hyde Park”, que con perplejidad comprueba en carne y sangre propias que sus derechos son arbitrariamente suspendidos, y que los EE.UU. después de 9/11 pueden ser como el Uruguay o la Argentina de los 70, o como Chile de Pinochet. Estos personajes son inocentes de la situación que los aqueja, pero son tratados como si fueran culpables de algo, y como si debieran pagar por ello.
En cualquier caso —culpa o no culpa— la durée de Castro Urioste extiende la vivencia de la pasión hasta hacerla circular, infinita, insoportable. Ello tanto para el personaje que la experimenta como para el lector que la sufre por influencia. La estrategia que permite envolver a ambos, actor y lector, en una misma duración de la experiencia crítica consiste en suspender el relato justo en el momento en que el clímax comienza a deflagrar sus sentidos. Entonces lo excesivo de la pasión, como el dolor extremo o la perspectiva de la muerte, quedan sin más significante que el vacío de la escritura: el paréntesis no marcado, pero duradero, que de la página impresa trasciende hacia el sólito vivir. Visto de otro modo, la durée y la pasión que se le asocia son en estos relatos parte de una misma estrategia compositiva. Mejor aún: de una misma intuición estética. Lo que experimenta el personaje no es un mero sentimiento debido a lo casual y causal, digamos un “hice esto que origina aquello”, sino el lúcido reconocimiento de que ciertos hechos producen una dimensión parsimoniosa de entendimiento —entrañamiento— de la profundidad de sus consecuencias. Tal es, a mi modo de ver, el mayor y más cumplido recurso expresivo de la ficción de Castro Urioste.
 Es evidente que Castro Urioste ha incluido en sus cuentos algunos destacados tópicos del existencialismo —kierkegaardeano y sartreano para más señas. Hemos hablado de una aguda consciencia de lo subjetivo, de elecciones que llevan a catástrofes, de la culpa —y entonces de la responsabilidad, pues sólo es culpable quien se siente responsable de algo—, de la angustia del sujeto que revisa sus acciones y de la ardiente sensación de precariedad de la existencia. Mas esta inclusión no es meramente mimética sino creativa, desde que la dinámica de las acciones no reproduce ni el orden ni los énfasis de la implícita —aún así clásica— narrativa existencialista, que va en secuencia causal de lo ineludible de la muerte al absurdo de la vida y a la angustia, la libertad, la responsabilidad, el compromiso y la culpa. En estos cuentos, en cambio, la secuencia tiene otro orden y otras prioridades: es inversa —digamos— y, gracias a la durée, altamente subjetiva y personalizada. En ellos se destaca y hace durar el punto de llegada, no el de inicio, y el relato se organiza a partir de esa dimensión. Así la vivencia de la culpa —o de su contrario, la sublevante no culpa— impulsa al sujeto a revisar sus acciones y a indagar las condiciones de su responsabilidad y, antes, las opciones procuradas por su libertad y compromiso. Derivan estos relatos hacia un punto que en la filosofía de la existencia suele ser origen de disquisiciones, pero con una diferente estimación: la vida o la muerte no tienen el sentido casi trascendente que les otorga la irrevocable relación heideggeriana —ser la una necesaria para la otra— sino el que resulta de evaluar las circunstancias y acciones que aproximan la muerte. ¿Por qué estoy en esta situación?, ¿qué hice para merecer esto? serían las preguntas que rodean a los protagonistas de Castro Urioste, muy alejadas por cierto de la consabida y hasta presuntuosa ¿qué sentido tiene mi vida?
El acto introspectivo y las cuestiones de fondo que él aporta destacan la subjetividad —no la trascendencia— de los personajes. Una subjetividad demorada, como hemos visto, mesmerizada por las preguntas circulares del cómo y el por qué, y por la cavidad insondable de las respuestas parciales o ausentes. He ahí otra singularidad de estas ficciones. Esto, se dirá, ya ha ocurrido en personajes de otras escrituras, como en el atormentado Razkolnikof, por ejemplo, o el agonizante Artemio Cruz. Cierto, pero no del modo inconcluso, indefinidamente suspendido y hasta cautivado en su propio estancamiento, como acontece en las relaciones de este volumen. Las tribulaciones de Cruz concluyen con su muerte, para alivio del lector, y las de Razkolnikof culminan con su confesión y sentencia, para la complacencia de aquél.  En Hechizo no hay ni alivio ni complacencia, pues no hay historias completas. El énfasis, entonces, no está puesto en las historias, como suele ocurrir en la mayoría de ficciones de nuestro tiempo, sino en el personaje. Más exactamente, en la incorporación del evento a su consciencia y en el peso que ese entrañamiento genera. Y hasta diríamos que el lector, que en mucha ficción de nuestro tiempo suele ser el obvio destinatario y evaluador de los aconteceres, es aquí una entidad supeditada a la figura del protagonista, verdadero evaluador —casi destinatario— de unas historias que lo implican, marean y cautivan. No está demás recalcar que ésta ya es, en sí, otra singularidad del libro que el lector tiene entre manos.
También es evidente que “Aún viven las manos de Santiago Berríos”, el relato más largo y narrativamente más complejo de Hechizo, le hace un ostensible homenaje a Crónica de una muerte anunciada al reproducir algunos de sus temas y circunstancias conspicuos. En resumen, la confabulación de unos hermanos para asesinar a alguien de manera casi ritual, mediante el uso de cuchillos de matarife, y el error trágico que esa muerte supone al haber sido originada por una falsa denuncia. Las diferencias saltan a la vista no bien iniciada la lectura: no hay aquí una, sino dos muertes, y la primera —de autoría nunca aclarada— es el motor de las acciones. Los Berríos, entonces, han de vengar algo más serio que en el relato de García Márquez: la muerte de uno de los suyos, no el honor perdido por una virginidad estropeada. Es más, aquí la muerte es aún más ritual, desde que la hacen unas manos prestadas por sus hermanos al difunto Santiago Berríos a fin de que éste pueda usar sus cuchillos vengadores. Mas la diferencia de mayor cuerpo no está en las ocurrencias, sino en la focalización: en el relato del Nobel la atención recae en la constatación de la falsa circulación del saber, en la facilidad con que la información se disemina en torno al destinatario Santiago Nasar —Santiago, sí, otro guiño al lector— sin jamás alcanzarlo, mientras que en “Aún viven las manos...” el foco está en el modo cómo las acciones recaen en el espíritu de los protagonistas, especialmente en el de Amador, quien más siente y resiente las acciones por las pérdidas que le acarrean. Prueba esta ficción, al final, lo que ya han dicho no pocas avisadas voces —de Propp, Greimas, Bremond y Borges, entre otros autores— que los relatos de todas las culturas son en verdad pocos, pero sus versiones pueden ser de inacabable número. Y también que ahí, en las versiones, está la gracia de contar, pues se continúa y amplía el flujo siempre renovado de una tradición, mientras se le rinde tributo.
No quisiera dilatar estas notas, ni dilatar el compromiso que tú, hermano lector, tienes con las ficciones que siguen. Pero no puedo dejar de mencionar al paso que quien busque con interés y diligencia puede ver que Castro Urioste se ha aplicado en la conformación de estructuras narrativas que no dejan cabos sueltos y en las que cada elemento tiene un significado de interés para la economía del conjunto. También en un lenguaje narrativo que se vuelve pertinente a sus circunstancias y referencias: se lo ve con claridad en los indicios y señales que reproducen ambientes y ciudades reales —que bien conozco—, en los diálogos intercedidos, en la oralidad de ciertas secuencias de narrador intradiegético, o en la escritura metaficcional de “Muertes circulares”, que puede vincular espacios y tiempos históricos distantes y distintos, pero similarmente conflictivos. Y en los ritmos y polirritmos de la narración, que hacen sentir la búsqueda afanosa de una intensidad dramática por vías de un tempo interior, que se replica en su propia agonía y busca así envolver y atrapar al lector.


domingo, 7 de junio de 2015

FACCIÓN DE IMPERDIDO AL ARTE. Salomón Valderrama

"Como en el ejemplo de los tres tonos del músico del Oro del Rhin, en el caso de Salomón Valderrama se notan tres ondas: la corta, la media y la larga. Una onda corta –por su concentración– usa a veces en un solo verso de más de una imagen, combinada con audacias gramaticales y hasta algún neologismo. Una onda larga entra en suerte de contemplación prolongada, aunque siempre con estupor, a través de un lenguaje más directo y de numerosos versos. Y una onda media se aproxima más bien a la llamada metáfora-frase, cuando en aproximadamente cuatro versos se desarrolla una iluminación. Su registro no es el de un rondín sino el de un piano." (José Pancorvo)

"Un mundo de violencia verbal atraviesa el libro de principio a fin… El poeta sufre y ese sufrimiento lo hace escribir los poemas que ha escrito y que nos conmueve, precisamente, porque luchar por la justicia forma parte de una moral o de un estilo de vida que permite transformar las cosas a imagen de lo deseado." (Enrique Verástegui)

/muestra poética/ 
Las flores negras 
 Rosa de rosa, idéntica y sensible; 
a tu ejemplo, profano y mudadero, 
el poeta hace la rosa que es terrible.

Martín Adán 

La flor amarga que es figura esbelta
Está pariendo a su hijo el esperpento
Aquel que erigirá en el propio llanto
La flor que será la materia muerta

En el viaje infinito que es la vida
De ave negra hacia su agujero blanco
Que está suspendido al viajero manco
El creador de flores y de vida

Protector de los valles siderales
El juez de las estaciones. Naciente
Invierno que eres padre de las flores

Las muertas en el pecho crepitante
Del juntador de naves y de piedras
Aquel que será madre de las hidras


Arte poética 
Me miran los ojos el cielo 
Despertar sin vértebras sin estructura 
La piel está en su eternidad 
Se suaviza hasta perderse en la memoria 
Existía no existía

Emilio Adolfo Westphalen

La palabra juega
Para sí misma
Como juegan
En sus juegos
Las bestias sin palabras

En la ruta del pájaro
Que siempre es él
Como pájaro ajeno a la palabra

Entonces la palabra
Se revuelca de memoria
Como se revuelcan los que acaban
Olvidando las palabras

En la copla del viejo cantor
El eternamente joven
–Que ya parece despistado–

En la imprecación
Se transforma
Un llamado sencillo
Que no perdona el olvido
Que no ahoga las lágrimas
En una despedida sorda y ciega
Ya para entonces Muda
Como la misma palabra
La que se aleja
De la bestia
De su juego
Del miedo de ser
Olvidada

Ella misma se inventa en la guerra
Ella misma es el invento que juega

Tan vieja
Como la misma palabra –palabra–
Como la misma guerra –guerra–
Como el mismo hombre –hombre–
Como la misma bestia –bestia–

Y los niños también juegan
–Los niños juegan a la guerra–
Con sus juguetes
Petálicos, fálicos...
De hombres
Hacen la guerra
Donde juegan
Con sus juguetes
Metálicos, matálicos...

Y donde la guerra fue juego
Ahora ya es el juguete
Del niño viejo
Aquel que quiere inventar la última palabra
Fin

La queja del hombre que esconde
Hay quien ama la rosa que es así
y no se ve o la rosa que se huele y se toca.

Wáshington Delgado


Por ser el hombre bueno
Ahora me quieren matar
Y cuando he sido el malo el hombre
Nunca he sabido realmente quién soy

Todo esto por vivir entre los hombres

Los que siendo malos se sienten buenos
Los que siendo buenos
Ahora ya quieren ser como los malos

Y es por eso –que ahora mismo me moriré–
Antes de que lleguen y me maten
¡Yo me mataré!

O mejor aún me moriré matando

A este hombre que siendo bueno
Se ha vuelto malo
Que siendo malo
Quiere ser el hombre cuto
El que vive sin saber
¿Porqué acaba siempre olvidado?

Para su antebrazo y para su mediapierna
Para su trilceoreja y para su ojoseco

Que ahora ya camina como solo
Por la playa de sus vísceras y por
El mar de la roca sedimentada
Entre desechos de carnes y danzas híbridas
Como este poema que aparece
En una figuración equivocada

La queja del hombre que esconde
En alguna parte
El mito de la extraña y ajena bondad
Salomón Valderrama 
(Chilia, 1979)

Es autor de Amórfor (2007, 2008). Ha publicado en Atril (Salamanca), Galerna (New Jersey), Aquilón (Mexicali, Baja California), Paralelo Sur (Barcelona), Arquitrave (Bogotá), Wayra (Uppsala, Suecia), Ciberayllu (Columbia), Letralia (Cagua, Venezuela), Periódico de poesía (UNAM), Telúrica y magnética (UNMSM) y LetrasS5 (Santiago de Chile). Antologado en Poesía Perú Siglo XXI (Fundación Centro Cultural Yacana, Lima, 2007), Nueva Poesía Hispanoamericana (Lord Byron ediciones, Madrid, 2008), 2+ No Antología No Contemporánea de los Poetas Amigos (EstaNoEsUnaPutaEditorial, Lima, 2008) y 6 voces de la última poesía peruana (revista mexicana La Nave, 2009).

ADDENDA / El movimiento pendular entre la tradición  y el desacato ante lo real 
Chrystian Zegarra 

Es sabido que cada escritor al momento de iniciar –o reincidir en– el proceso creativo se enfrenta ante un vasto universo de obras literarias que lo anteceden, que proponen un laberinto de posibilidades truncas, recorridas por voces que se incrustan en la conciencia individual del artista, como palabras que pugnan por transformarse en un camino que busca liberarse del polvo del pasado. Las opciones que se proponen ante los poetas en el acto de escritura son múltiples, y podemos categorizar a estos por las soluciones que optan frente al fenómeno poético. De esta manera, existen creadores que se limitan a seguir, a repetir superficialmente una tradición anterior con el objeto de apelar a una mal pretendida erudición. Por otro lado, hay poetas que observan críticamente el material que les ha sido transmitido para entablar un diálogo, un ardoroso conato de lucha con las diversas voces –en muchos casos muertas pero en estado de latencia– preexistentes. Todo acto poético válido debe asumirse como un reto por establecer una voz propia que, además de insertarse en una tradición viva, la reelabore y, con esto, la encamine hacia formas expresivas inéditas. Salomón Valderrama, en este nuevo libro Facción de imperdido al arte, pertenece a este segundo grupo, ávido por reconstruir y revitalizar el legado lírico que atrapa entre sus manos. Los poemas de esta colección se encuentran en constante trance por delimitar campos asociativos –de ahí la recurrencia a los epígrafes que encabezan cada texto–, con el propósito de reformarlos y otorgarles una existencia diferente que actúe como espejo aglutinante entre la voz anterior y la presente. Ninguna cita es vana, antes bien ayuda a edificar un tramado coral, polifónico que repasa y reorganiza la tradición poética, no sólo peruana sino universal.
El trasfondo de esta empresa revisionista es una voz iniciática, que se sumerge en un ejercicio de transmutación de alquimia verbal: “La flor amarga que es figura esbelta / Está pariendo a su hijo el esperpento / Aquel que erigirá en el propio llanto / La flor que será la materia muerta”. En esta dirección, el arte poética de Valderrama consigna el papel multifacético de la palabra escrita: objeto lúdico, autotélico, destructivo y pacifista. Es en esta complejidad donde radica la intensidad de la prédica poética, en el hecho de constatar el carácter cambiante, nunca unívoco de los vocablos: “Ella misma se inventa en la guerra / Ella misma es el invento que juega”. La voz se convierte en arma recubierta de palabras con la cual se resiste la violencia y devastación que sacude la vida cotidiana, como reza el verso inicial de uno de los poemas más logrados del conjunto: “Quisiera ser inocente en un planeta inocente”. Y es que al caos existencial se suma el conflicto inherente que toma lugar en el centro espinoso del lenguaje. El poeta se aferra al estallido de su voz como a un instrumento de resistencia ante una realidad que lo somete a la constatación del vacío: “Estallaban en 20530 pedazos las chozas coches bancos / Cosas de juguetes tristes de los niños recaudando / Los estómagos de sus parientes y vecinos tan distantes / Hechos pedazos y la calle era el Perú”. Sin embargo, lo que prevalece a este clima de desorden, producto de una larga saga de irracionalidad que sacude el país –y Latinoamérica en general, por lo cual el libro asume un punto de vista que toma conciencia ante las tragedias nacionales–; lo que se erige, precisamente, como perspectiva redentora es el carácter armónico de la poesía, su efecto catalizador de sentido en medio de la aporía: “A cómo de lugar la palabra es sin duda pacífica”.
Uno de los mayores méritos del poemario de Valderrama radica en poner sobre el tapete el mecanismo que liga al lenguaje con su instancia primaria vinculada al aprendizaje del infante. La manera como esta facultad humana, antes de encallar en el ámbito pragmático, nace y se modela como tal en concordancia con el mundo de la poesía. El poeta es como el niño lacaniano que descubre su integridad en el espejo devastador del lenguaje, que le devuelve una imagen coherente de sí mismo pero desvinculada del todo, de la conexión primordial con el universo. El ingreso al mundo simbólico supone una continua estancia en el recinto de lo fragmentario y arbitrario. La experiencia lírica no conduce a otro lugar que a aquella tierra baldía de imágenes inconclusas que llamamos poemas. A aquellos objetos reducidos a no ser otra cosa que el reflejo de su precariedad. El poeta es el niño que ahora porta una máscara adulta que es el retrato de su ser anterior –difuso pero completo– que aguarda agazapado, bajo un pliegue de la memoria, el momento preciso para perpetrar el ataque en el campo minado de lo real: “Su lengua pura su sagrada historia y no se da cuenta / Y no entiende que ahora su lengua materna lo domina / Que ya no es bilingüe sino convencido o adaptado monolingüe”. La escenografía de espejismos que articula Facción de imperdido al arte enfatiza la batalla contra las sombras de una mecánica impuesta por códigos inútiles, por ineficaces programas que sólo recortan los innumerables puntos de mira ante una realidad asfixiante y caduca. El libro invita al lector a ser partícipe de un esquema liberador de potencias interiores para derrocar la falsa validez de lo visible, para celebrar nuevamente la contradanza frente al fuego y los elementos, para por fin “revivir el inconsciente una y otra vez atropellado”.

NOTICIA SOBRE LA ADDENDA
Este texto de Chrystian Zegarra fue escrito para Facción de imperdido al arte en el 2004, año en el que Salomón Valderrama culminó este libro que una década después se imprime bajo nuestro sello en Gráfica Rojas, Lima-Perú.

sábado, 23 de mayo de 2015

Winston Orrillo. Poemas desconcertados. Nueva antología personal (1965-2014)

ISBN 978-612-4082-34-4
En la contraportada de su libro Orden del día, publicado en la editorial argentina Losada, se lee: W.O. “es un poeta urbano como todo poeta moderno a partir de Baudelaire, poeta de supermarkets y oficinas públicas, del  hartazgo convertido en rebelión y de la rebelión que crece escondida, paciente y eficaz como la hierba entre las piedras. (Él) es uno de los poetas …más originales y densos de las nuevas generaciones hispanoamericanas”. Claude Couffon, el gran hispanista francés ha escrito: “Dentro de la grisura trepidante de nuestro ambiente, la voz de Orrillo es una voz saludable. Él ha elevado a uno de los más altos grados de la expresión poética, la exasperación de un alma cercada por la alienación de la vida cotidiana ”.
El notable poeta peruano, Arturo Corcuera, Premio Casa de las Américas, ha escrito: “Celebramos y saludamos la presencia de la poesía de Winston Orrillo: en sus versos vemos destacarse las dos vertientes fundamentales y nítidas de su producción: la poesía amorosa, sustancialmente erótica, destinada a exaltar la belleza de la mujer y reverenciar su encuentro jubiloso. Y también, como necesario complemento, la poesía de acento político, vibrante, de verso imprecatorio… Estas dos vetas configuran, en su equilibrio, el perfil poético de Winston Orrillo, y constituyen, además, los cauces de una poesía de timbre propio que transparenta, como pocas, la imagen conflictiva y apasionante del tiempo que nos ha tocado vivir. Es la suya, una de las personalidades más vitales y más controversiales de las letras peruanas de hoy”.

TRAYECTORIA DE WINSTON ORRILLO

Lima, 1941. Doctor en Letras por la Universidad de San Marcos. Catedrático Principal de su Escuela Académico-Profesional de Comunicación Social, de la que ha sido Director. En 1965 ganó el II Concurso “El Poeta Joven del Perú” y, en 1969, el Premio Nacional de Cultura. Ha enseñado en las universidades San Martín de Porres,  Ciencias y Tecnología (hoy “Ricardo Palma”), Femenina (UNIFE), Nacional de Lambayeque (hoy “Pedro Ruiz Gallo”), así como fue Profesor Visitante en la Universidad de los Apalaches, en Carolina del Norte, EE.UU.; y en la Universidad de Guayaquil. Jurado Internacional, en el Premio Casa de las Américas, de Cuba, y el Nacional de Cultura, de Panamá. Periodista profesional colegiado. Ha publicado más de veinte poemarios y  tres libros de cuentos. Como ensayista, tiene obras sobre Vallejo periodista. Sin embargo, su leit motiv es José Carlos Mariátegui, sobre el que hizo su tesis doctoral (en un revelador y original paralelo con  José Martí), de la que resultó un libro: Martí/Mariátegui: Literatura, Inteligencia y Revolución en América Latina, cuya tercera edición publicaran el Centro de Estudios Martianos de Cuba y la Casa de Nuestra América, José Martí, de la República Bolivariana de Venezuela. Esta obra ganó Mención Honrosa en el Concurso Casa de las Américas, y su Jurado Internacional la recomendó como “lectura fundamental para la juventud revolucionaria de Latinoamérica”. Asimismo, ha estudiado la obra juvenil de JCM (Biografía y Biología de Juan Croniqueur). Entre sus títulos de poesía, destacan La Memoria del aire, Travesía tenaz, Sus mejores poemas de amor, A la altura del hombre,  La capital del corazón, 40 Poemas de años. Hacer el amor y otros poemas, 50 Poemas de años, Manual de poesía amorosa, Poemas para un gato y El libro de Benita. Su obra está, parcialmente, traducida al inglés, francés, italiano, alemán, rumano, búlgaro, ruso y coreano.

Julio Alexis León. EL MUNDO AL REVÉS. Estudio y anotaciones a los Zorros de Arguedas.

ISBN 978-612-4082-36-8
Pocos trabajos se han realizado sobre la novela El zorro de arriba y el zorro de abajo. Y esto ocurre, incluso ahora, en momentos cuando la figura de Arguedas se ha convertido casi en un ícono cultural del Perú. ¿Por qué se practica esta omisión? La respuesta puede ser múltiple y no nos atrevemos a elegir alguna, pero lo cierto es que el estudio de Julio Alexis León Gálvez viene a llenar, doblemente, este vacío. Por un lado, coloca a la novela de Arguedas –más de cuarenta años después– en el rol central de la novelística peruana contemporánea y, por el otro, eleva a una urgente actualidad el reclamo arguediano nunca satisfecho que es ese grito herido de la voz heterogénea del Perú subalterno.
Esta publicación aparece con el auspicio de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Casa de la Literatura Peruana y la Universidad Nacional de Piura.
Los editores 

Julio Alexis León Gálvez
Nació en Ica, Perú. Realizó sus estudios escolares en la ciudad de Piura. Estudió Literatura en la Universidad de la Ciudad de Nueva York en la que obtuvo el doctorado en Literaturas y Lenguas Hispánicas. Ha trabajado como docente en diversas universidades de Estados Unidos y el Perú. Actualmente es profesor en la Universidad San Ignacio Loyola en Lima. Ha publicado el texto de ficción Libro de las incertidumbres (Urpi, 1992) y diversos relatos, así como el fragmento de su novela inédita Memoria de la ira en revistas literarias. Sus trabajos académicos han sido divulgados en revistas especializadas. Se encuentra investigando la relación de los movimientos literarios y culturales con la violencia y la migración en la década de los ochenta en el Perú.

LOS PUEBLOS CONVOCAN A JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

Por Edmundo Murrugarra

En la Introducción que Julio León Gálvez hace a este estudio de el zorro de arriba y el zorro de abajo nos dice que esta obra, “después de estas cuatro décadas, también, espera, no solo nuevos lectores, sino nuevos acercamientos críticos que continúen descubriendo la enorme riqueza artística y literaria de esta novela”. Con humildad lleva nuestra mirada al futuro, como para que esta, su valiosa contribución, pase inadvertida. El estudio y las notas son parte de la vasta y densa producción que el centenario del nacimiento de Arguedas ha motivado entre intelectuales, académicos y artistas de todas las sangres del planeta. ¿Por qué ocurre eso con Arguedas?
Porque el mensaje arguediano ayuda a comprender el cambio de época en que vivimos. Ha mostrado el valor de la cultura andina quechua. Por eso, nos ayuda a actuar en favor de la diversidad de vidas, pueblos y culturas. En la madeja de crisis mundiales, los pueblos originarios o indígenas enarbolan con creciente convicción su forma de vivir y su concepción del mundo. Para supervivir bajo la colonización moderna han incorporado en sus matrices culturales rasgos de la cultura colonizadora dando forma a sincretismos que se empieza a estudiar y comprender. Algo más, su resistencia va logrando derechos específicos al ejercicio
de su cultura y lengua, y el derecho a que el Estado consulte sus
decisiones cuando afectan su territorio y los recursos que atesora. Esta erosión crítica del Estado-Nación moderno monocultural, se da la mano con el interés creciente de algunos miembros de las élites artísticas, científicas y políticas de las sociedades occidentales por volver a mirar a los pueblos indígenas y sus culturas. Unos, los gobiernos y las grandes empresas, diseñan políticas para que estos pueblos no obstaculicen la extracción de sus riquezas. Otros, para satisfacer necesidades estéticas o éticas y así aprender la convivencia respetuosa que practican estos pueblos con todos los seres del planeta.
Precisamente, el estudio introductorio y las notas de Julio León Gálvez ayudan al lector y al investigador a identificar y valorar esa contribución en la novela El zorro de arriba y el zorro de abajo. Destaco algunos aspectos centrales.
El primero. Nos dice el editor: “En cierta forma su pelea estética fue también una lucha política y ética por desmontar la imagen equívoca de una cultura que en condiciones de libertad podía elevarse a niveles poco conocidos”. Es un tema primordial. En Arguedas, la ética es la esencia de la política y guía su búsqueda estética explícitamente. En el discurso que pronunció al recibir en octubre de 1968 el premio “Inca Garcilaso de la Vega”, expuso el enfoque que inspiró su vida. Empieza aclarando: “No pretendí jamás ser un político ni me creí con aptitudes para practicar la disciplina de un partido,...”. Para a continuación formular su destino personal dentro de un proyecto político. Se propone ser “un vínculo vivo, fuerte, capaz de universalizarse, de la gran nación cercada y la parte generosa, humana, de los opresores”. Su meta es construir otro orden social. Contribuir a un nuevo Pachacuti en los Andes amazónicos.  Desmontar el pacha opresor actual y construir un pacha liberador. Un orden social fraterno.
Va más lejos. En el mismo discurso, precisa los dos principios que guiaron ese esfuerzo transformador. Uno es, dice “… la ideología socialista y el estar cerca de los movimientos socialistas lo que dio dirección y permanencia, un claro destino a la energía que sentí desencadenarse durante la juventud”. El otro es considerar al Perú como fuente infinita para la creación por su igualmente infinita variedad terrena y humana. Su proyecto socialista es una radical afirmación de autonomía creadora. “Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso”. Eco o coincidencia con la advertencia de Mariátegui. No copiar ni calcar el modelo de socialismo. Crearlo heroicamente.
Julio León nos conduce a examinar más en detalle ese proyecto. El nuevo orden, dice Arguedas, no será uno que exija que la “nación vencida renuncie a su alma, aunque no sea sino en la apariencia, formalmente, y tome la de los vencedores, es decir, se aculture”. Y para que nadie se llame a engaño proclama su identidad negativa. “Yo no soy un aculturado  ...” Y positiva, (soy) “Un peruano que como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua”. Lejos estamos, pues, de la concepción de Estado-Nación republicana, continuadora de la extirpación colonial de culturas andinas, amazónicas y afrodescendientes. Es el germen de la idea de Estado Pluricultural o Plurinacional. Es la idea que empiezan a poner en práctica los pueblos. Y en una crítica explícita al concepto de países desarrollados frente al nuestro que no lo sería afirma al cerrar ese discurso: “En técnica nos superarán y dominarán, no sabemos hasta qué tiempos, pero en arte podemos ya obligarlos a que aprendan de nosotros y lo podemos hacer incluso sin movernos de aquí mismo”.
En apoyo de esta orientación, Julio León Gálvez acopia convincentes argumentos de teóricos de la cultura para refutar la pretensión occidental de ser la portadora de la única expresión de racionalidad. Porque son diferentes las concepciones de lo humano a partir de las cuales los pueblos perciben y comprenden el mundo y a sí mismos, son diferentes también los ejercicios de la razón entre las culturas. Arguedas reconoce la superioridad occidental temporal en temas de ciencia y tecnología, la razón instrumental, pero le opone la superioridad de los pueblos andinos en arte. Y en espiritualidad. Manifestaciones de otra racionalidad. A diferencia de la modernidad occidental, los pueblos andino amazónicos no han roto el vínculo espiritual de parentesco con los demás seres que pueblan la tierra. En el debate mundial, esta espiritualidad es decisiva para instalar una racionalidad que salve las formas de vida que la racionalidad occidental llama recursos naturales para depredarlos y consumirlos al infinito.
Y porque no han roto ese vínculo, los mitos siguen vigentes para comprender, para explicarnos el porqué y el cómo del mundo. Como otra forma de ejercicio de la razón, pues, como decía Mariátegui, la ciencia no agota este hambre de infinito. Mitos que los vivió de niño, los recogió en sus estudios antropológicos y están presentes en el torbellino de vida que es Chimbote, dando cuenta del sentido del mundo y la peripecia de los seres.
Esa otra concepción de lo humano está también detrás del ordenamiento diferente que Arguedas da a las facultades o dimensiones humanas. La dimensión lúdica y gozosa anima a sus personajes. Así como lloran y arden de cólera, también juegan y se estremecen de gozo. La civilización occidental moderna parceló la vida y segregó esas dimensiones. Colocó el juego y el gozo en los márgenes de la cultura, como avergonzándose. En cambio, en la vida de los pueblos andino amazónicos y afrodescendientes ocupan siempre un lugar central. Porque el cuerpo, los sentidos, los deseos, los sentimientos y la imaginación humanos no han sido privados de dignidad ni marcados con la negatividad. Y son un factor que lejos de estorbar el ejercicio de la razón instrumental analítica puede potenciarla.
Destaco el especial énfasis que Julio León Gálvez pone en dos temas de la novela Los Zorros. Nos relata cómo Arguedas se sintió tan descontento con ejercicios literarios que intentaron comunicar a lectores criollos occidentales el mundo de los pueblos quechuas. Lo caricaturizaban grotescamente. Incluyendo su mismo primer intento. Lejos de amedrentarse asumió las titánicas tareas que consumieron sus energías hasta su sacrificio suicida.
El primero, adecuar un idioma como el castellano hecho para crear y expresar la convivencia humana desde los orígenes de la modernidad europea a las necesidades de comunicar el espíritu de una civilización como la milenaria andina amazónica que mantuvo la visión del parentesco cósmico. Civilización que, como muchas de las no modernas europeas, tienen racionalidades y concepciones de lo humano diferentes. Julio León nos acerca al drama casi infernal que vivió Arguedas en este intento de usar una lengua para comunicar contenidos de la oralidad de la lengua quechua. Logró los resultados que conocemos y que a juicio de los expertos, son un éxito. Por eso aceptó el premio Inca Garcilaso, como lo confiesa. Pero como pocos, él sabía que apenas estaba en el comienzo de tamaño desafío. Por eso siguió lidiando hasta su fin con el arduo problema de las lenguas castellana y quechua.
Simultáneamente, acometió la segunda tarea, la arquitectura del discurso novelesco en la civilización andina. Es este punto, el investigador nos introduce a la composición dialogante de diarios y de capítulos del relato novelesco. Arroja luz sobre el atrevimiento creador de Arguedas de inventar una nueva arquitectura novelesca para que pueda trasmitir las esencias humanas que se viven en los Andes. Los Diarios que alternan e intercalan en el relato no lo interrumpen. Lo completan. Lo iluminan. Pero igual ocurre con el relato que arroja luz sobre la peripecia creadora del autor. Relatada en los Diarios son dos formas de decir la misma realidad. Dos formas de ejercicio de la razón. Una, la discursiva, narra en los diarios las peripecias del autor en su trato con personas y seres de su entorno familiar, social o político al construir la representación del mundo y el país en Chimbote. La otra, el avance o estancamiento del relato novelesco muestra el juego a muerte que libran seres humanos, animales y máquinas que viven la lucha de sus lógicas vitales y culturales originarias frente a la lógica de la producción y organización capitalista. El Chimbote de los Zorros fue precursor del Perú actual. De allí la actualidad de la novela y, por eso, el valor del estudio de Julio León G.

EL ESTREMECEDOR ENCUENTRO DE DOS MUNDOS

Por Marco Martos

Todas las civilizaciones que se han formado a través de la historia están marcadas por la sombra insoslayable de sus mitos y leyendas. Desde tiempos inmemoriales, en todos los rincones del orbe, de Oriente a Occidente, de Norte a Sur, los mitos nos han acompañado y han prefigurado nuestros sueños y utopías. En el Perú, país de antigüedad milenaria, se confirma este aserto, pues la riqueza de nuestras creencias andinas se resiste a sucumbir. Un ejemplo excepcional de este vigor de la memoria colectiva son los  mitos y leyendas de Dioses y hombres de Huarochirí, recogidos en los albores de la Colonia por el extirpador de idolatrías Francisco de Ávila.
Muchos siglos después de esta labor acopiadora de la oralidad de aquel cura evangelizador, José María Arguedas traduce, del quechua al español, estas narraciones mitológicas que fueron reunidas en su lengua original. Pero Arguedas va más allá, pues, partiendo de las leyendas vertidas en este texto, esboza y escribe una de las novelas más complejas de la narrativa del Perú en el siglo XX: El zorro de arriba y el zorro de abajo.  
Esta novela narra el estremecedor encuentro de dos mundos, de dos cosmovisiones en conflicto que aún hoy sigue sin resolverse. El escenario, los personajes, la estructura, la simbología que la acompaña, hacen de esta ficción un artefacto cultural de
alto nivel artístico y, al mismo tiempo, de difícil lectura. El trabajo desarrollado por Julio León Gálvez trata de explicarnos o, más precisamente, nos da su punto de vista sobre la novela al decir: “Si Garcilaso y Huamán Poma escribieron sobre el mundo indígena quechua y lo acomodaron para traducirlo a la visión de Europa renacentista, Arguedas, siglos después, introduce en la literatura castellana los elementos mágico religiosos que obliga a sus lectores no bilingües en quechua español a introducirse en el universo andino hasta casi realizar una traducción del quechua al castellano”. Es decir, para León, Arguedas, al situar las dos formaciones culturales que dan origen al Perú moderno en igualdad de condiciones, no es solo la visión andina la que debe interpretar el mundo occidental, sino también que este debiera sumergirse en la cosmovisión indígena para tratar de entenderla como a su igual pero diferente.
Dotado de un excelente estudio preliminar que nos introduce en una visión particular de la novela de Arguedas, este texto trabajado por Julio León no solo brinda su particular interpretación, sino que, con sus más de 700 notas a pie de página, nos allana un camino explicativo que facilita a los lectores nuevas valoraciones simbólicas y lingüísticas que subyacen en la novela. La rigurosidad del investigador es claramente visible en el enfoque de su aparato crítico y en la pertinencia con la que alude a su copiosa bibliografía; todo ello con una prosa fluida y ágil que la aleja de la pesadez de las disquisiciones teóricas para llevarnos al placer de las buenas lecturas.
El zorro de arriba y el zorro de abajo es una ficción que apenas ha empezado a estudiar la crítica literaria. La riqueza textual y de símbolos en este póstumo libro de Arguedas es sumamente vasta y, para muchos lectores, quizás, intimidatoria. Este es el gran mérito del trabajo de Julio León Gálvez: hace de este libro no un texto fácil, sino uno que ahora posee un valor añadido que orienta al lector.







DEAMBULA EL OTOÑO, LIBRO DE POESÍA DE CARLOS L. ORIHUELA

Deambula el otoño  testimonia un trabajo sobre la significación y el tránsito por las rutas sutiles del arte y la vida. Reúne poemas de vari...